19 de septiembre de 2016

La ciudad de las damas

Cristina de Pizán es la primera mujer a la que cabe considerar escritora profesional. Viuda a los veinticinco años y con tres hijos pequeños a su cargo, sacó adelante a su familia gracias al pago que recibió por sus escritos. Su educación en la corte de Carlos V de Valois, rey de Francia, su talento, su erudición y su capacidad de trabajo le permitieron alumbrar una extensa obra, que la hizo ser famosa y apreciada en toda Europa.

De las treinta y siete obras que se conservan de Cristina de Pizán, La Ciudad de las damas (1405) es el título del libro por el que más se conoce a la autora. En este trabajo, Cristina de Pizán rebate la extendida creencia en la época de que la mujer carece de una naturaleza moral y es intrínsecamente perversa.

Al comienzo de su libro, Cristina de Pizán lamenta que no hay texto que esté exento de misoginia y admite haberse fiado más del juicio ajeno que de lo que sabía y sentía en mi ser de mujer. Sumida en estas reflexiones se encuentra cuando recibe la visita de «tres Damas coronadas de muy alto rango» cuyo resplandor ilumina toda la habitación. Estas damas son: Razón, Derechura y Justicia, que le proponen erigir una ciudad para acoger a todas las mujeres: «una Ciudad levantada y edificada para todas las mujeres de mérito, las de ayer, hoy y mañana».

Razón, Derechura y Justicia proveen a la escritora de las mejores piedras para construir la Ciudad, una Ciudad que fundarás con nuestra ayuda nunca volverá a la nada sino que siempre permanecerá floreciente; pese a la envidia de sus enemigos, resistirá muchos asaltos, sin ser jamás tomada o vencida. En un profundo foso se enterrarán todos los prejuicios que los hombres han divulgado sobre las mujeres y quedarán al descubierto sus insidiosas mentiras. Los cimientos, las murallas, los palacios y mansiones se construirán con esas mujeres anónimas que han llevado a cabo meritorias gestas y también con aquellas mujeres que han pasado a la historia dejando constancia de su enorme valía: Safo, Semíramis, María Magdalena, la emperatriz Nicaula… De esta forma se elabora una genealogía femenina que todavía sigue vigente en la actualidad, pues en ella encontramos a las representantes destacadas del movimiento de emancipación de la mujer.

La Ciudad erigida por Cristina de Pizán con la ayuda de las tres Damas es mucho más que un recinto que protege a las mujeres, es un espacio de relaciones sociales regidas por el derecho. Quedan aún lejos los conceptos de ciudadanía y de feminismo, pero Cristina de Pizán ya ejerce de ciudadana. Alza su voz para rebatir con argumentos la subordinación en el orden social de las mujeres y reivindica para ellas el derecho fundamental del que derivan los demás: el reconocimiento de la condición de persona, con la dignidad que implica, y con las cualidades que se atribuyen en exclusiva a los varones. También reclama como valores dignos de consideración los que se consideran propios de las mujeres y que por esta razón se denigran: la ternura, el cuidado de las personas, la ocupación en tareas menores.

La ciudad de las damas destaca por su originalidad: aporta una visión feminista e innovadora sobre en el tratamiento de los temas que afectaron a las mujeres medievales y presenta una visión contrastada de la historia de las mujeres, algo que evidencia la vasta cultura de Cristina de Pizán. La autora reivindica para las mujeres tanto el estudio como un espacio íntimo y personal donde llevar a cabo su instrucción, así como la creación literaria. Aspecto que tiempo después suscribirá Virginia Woolf en Una habitación propia.

Título: La ciudad de las damas
Autora: Cristina de Pizán
Editorial: Siruela
Páginas: 252



15 de septiembre de 2016

Mocha Dick

Herman Melville se embarcó desde muy joven en travesías por el mundo y pasó meses navegando en barcos balleneros o sobreviviendo en una pequeña isla del Pacífico, entre salvajes. Estas experiencias le permitieron ser un fecundo un escritor. Entre los años 1846 y 1849 escribió: Typeeun edén caníbal; OmooMardi y Redburn. Algunas de estas obras obtuvieron mayor reconocimiento que la más famosa de sus novelas, publicada en 1851.

Cuentan las crónicas que hacia 1810 se avistó un enorme cachalote gris que pasó a formar parte de la tradición ballenera con el nombre de Mocha Dick. Durante medio siglo circularon relatos que narraban los intentos fallidos que se habían hecho para capturarlo. Eran los años de apogeo de los puertos balleneros, antes de que la fiebre del oro de California y la Guerra Civil norteamericana pusieran fin a un negocio que mantenía a cerca de 70.000 personas en puertos como Nantucket y New Bedford.

La dificultad extrema que entrañaba la pesca de la ballena, realizada un enclenque bote y con el arpón ideado por los vascos, convertía la captura de cada una de las 10.000 ballenas cazadas al año en una auténtica hazaña. Por eso, la novela Moby Dick reunía todos los ingredientes para ser un éxito: un barco ballenero, el Pequod; una tripulación brava y multirracial, con el caníbal Queequeg, el piel roja Tashtego y el negro Daggoo como arponeros. Un grumete, Ismael, testigo de la aventura, una ballena que jamás se dejaba atrapar, y un capitán, Ahab, que encarna al hombre que se olvida de la realidad y se sumerge en brumas metafísicas en pos de un destino sagrado: acabar con el mal en la tierra encarnado en la ballena.

Pese a haber sido escrita en la década en que surge la literatura nacional en Estados Unidos, da la sensación de que la gran ballena blanca resultó ser una maldición para el capitán y para el autor. A partir de la publicación de Moby Dick, la popularidad y el volumen de ventas de las novelas de Melville descendió hasta llegar a pasar prácticamente desapercibido en el mundo literario de su época. Al año siguiente de la publicación de Moby Dick, a Melville le llega su gran fracaso, Pierre o las ambigüedades, donde el tratamiento del mal de Moby Dick se hacía aún más evidentes. En 1856 edita Cuentos de Piazza, entre los que destaca Bartleby, el escribiente. Pero la fama de Melville había decaído entre los lectores de la época y no recobra su popularidad hasta la segunda década del siglo XX.



*En 1859, Mocha Dick sucumbió a los diecinueve arponazos que recibió desde un ballenero sueco.

14 de septiembre de 2016

El niño del asteroide B-56

“Escribidme enseguida, decidme que el principito ha vuelto”, pide Antoine de Saint Exupéry en la última página de El Principito. Por eso le escribo, para decirle que el niño del asteroide B-56 ha regresado a la Tierra.

Este niño-príncipe lleva conquistando corazones desde 1943, su fascinante universo conmueve y seduce. Hubiera deseado comenzar esta historia a la manera de los cuentos de hadas. Hubiera deseado decir: “Había una vez un principito que habitaba un planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo, diría Saint Exupéry. Pero El Principito es mucho más que un cuento infantil, recrea experiencias del autor.

El zorro está inspirado en el feneco que Saint Exupéry domesticó cuando estaba destinado en Cabo Juby. La boa su estancia en Argentina. El baobab es un recuerdo africano de sus escalas en Senegal, Casablanca y Dakar. El farolero evoca unas vacaciones en Saint-Maurice-de-Rémens. Incluso el príncipe, según la biógrafa del autor Nelly de Vogüé, podría inspirarse en Pierre Sudreau, apodado cariñosamente petit PierreEl Principito nace también de lecturas infantiles y de historias que le contaba su madre.

La editorial Lunwerg publica El Principito. Enciclopedia ilustrada. Un homenaje al personaje en el que se analizan los entresijos de la historia, desde que se concibió hasta su publicación y que incluye: los dibujos originales, borradores, correcciones, adaptaciones al cine, el teatro y la televisión, una guía de los personajes, escenarios y objetos y, para culminar la obra, se incluye una sorpresa muy especial: un capítulo inédito escrito a mano que narra el encuentro entre el pequeño príncipe y un creador de crucigramas.

También Antoine de Saint Exupéry tiene su espacio en esta enciclopedia. Sus orígenes, su pasión por la aviación, las mujeres de su vida y la influencia que todo esto tuvo en su universal obra.


El Principito.Enciclopedia Ilustrada es obra de Christophe Quillien. 


6 de septiembre de 2016

Será colosal

Calaportu, año 1936, la República, el Frente Popular, la guerra, un niño vasco, un testigo de los acontecimientos que contempla sin entender la situación anómala que vive.

Joseba Sarrionandia ha escrito una historia impactante, ágil y cruda. La guerra civil española vista con los ojos de un chaval que intenta atar cabos cuando presencia las disputas de sus padres, partidarios de bandos opuestos, cuando gente del pueblo desaparece de repente o cuando unos maldicen a la república mientras otros la aplauden. La toma del cuartel de la guardia civil por personas afines a UHP, una calma tensa, los primeros fusilados, los carlistas y derechistas prisioneros en la escuela. Al principio la guerra como juego, con una pistola falsa, tiragomas y coraje infantil para abatir enemigos. La muerte breve tras unos segundos en tierra para volver a levantarse y volver a morir en un macabro entretenimiento de los días. Pensar en comer galletas mientras los gudaris avanzan en una dirección y en otra y se contempla con ojos asombrados el desfile de ejércitos de hombres cansados. Así hasta que en el cielo despejado aparecen los aeroplanos y la realidad se torna más grave que nunca cuando la tierra tiembla y se llena de humo y de fuego. Hasta por mar llegan cañones que hacen explotar las olas.

El padre en la guerra, los hombres del pueblo en la guerra, en una guerra larga y aburrida. Los gudaris se retiran porque llegan los carlistas con sus boinas rojas, hablan de paz, patria y bandera y emprenden la patriótica obra nacional. Del ejército que pasa se espera chocolate, entre tanto, se asiste al espectacular traslado de tropas: soldados, cañones, camiones… Una marcha que ameniza la rutina gris.

De vuelta a la escuela se advierten los cambios, una bandera nueva, un crucifijo y el rezo al empezar y al terminar la clase. Las asignaturas resultan tediosas y a la salida del colegio se han de repartir boletines de inscripción para que la gente se afilie a la Falange. La guerra seguía en alguna parte, mientras en el pueblo se suceden los desfiles y los discursos, las prohibiciones. El final de la contienda no trae alegría ni paz, sino un padre mutilado, camiones con cadáveres y un llanto que nace en lo más hondo y se derrama a escondidas. Los falangistas imponen su ley, cualquiera es sospechoso. Los niños, adultos prematuros, sueñan con un circo. Vendrá un tren con elefantes, leones, monos, payasos… y será colosal.

Título: Será colosal
Autor: Joseba Sarrionandia
Editorial: Txlaparta
Páginas: 100

2 de septiembre de 2016

Alcohol y tinta

Según Bukowski, la cosa más sensata que una persona puede hacer es estar sentada con una copa en la mano. Estar sentado escribiendo un libro tampoco es una mala opción, y hay escritores que han pasado a la historia por combinar ambas aficiones: libros y copas.

Vargas Llosa
El chilcano: pisco, limón y soda moja las letras de Conversación en La Catedral desde el comienzo. La tercera novela de Vargas Llosa transcurre en el bar La Catedral. Un bar de pobres donde, entre chilcanos y cervezas, los personajes desgranan la vida en el Perú del dictador Manuel Arturo Odría, mientras Santiago Zavala no halla respuesta a su pregunta: ¿En qué momento se había jodido el Perú?

Scott Fitzgerald 
Primero tomas un trago, luego el trago toma otro trago, luego el trago te toma a ti. Francis Scott Fitzgerald se bebía cualquier cosa que tuviera alcohol. La vida le ofreció todo lo que puede regalarle a un hombre: talento y éxito, pero todo se disolvió en alcohol. El gran Gastby se gestó así, a golpe de gintónic. La obra maestra es una denuncia de los locos años 20 norteamericanos. Transcurre a ritmo de jazz, en fiestas que no acaban nunca. Prosperidad y decadencia, lujo, mafias… Jay Gastby se convirtió así en mito del idealismo y la ambición.

Raymond Carver
Raymond Carver sufrió en sus carnes los estragos del alcohol. Pero, ironías del destino, cuando llevaba diez años sin beber, un cáncer lo fulminó. Maestro del relato y la frase sucinta, de una prosa demoledora, tuvo el privilegio de vivir dos vidas, como él mismo decía. La primera dura y difícil, marcada por el alcoholismo, la pobreza y los cambios de una ciudad a otra buscando un empleo estable. Por suerte ya había descubierto su válvula de escape: la poesía. Entre tropiezos y copas descubre a Hemingway y a Chéjov; conoce a su editor, Gordon Lish, y a sus mejores amigos, Cheever, Tobias Wolff y Richard Ford; forja su estilo, sobrio, preciso, brutal, impecable; perfila sus relatos desnudos y a sus personajes, unos perdedores de manual que se destruyen mientras beben, juegan o matan.
Corrigió incansable De qué hablamos cuando hablamos de amor hasta la saciedad, perfeccionando hasta el virtuosismo ese estilo minimalista que lo convirtió en escritor de culto.

Ernest Hemingway
Hemingway tenía preferencia por el güisqui y la absenta, hasta que llegó a Cuba y descubrió el mojito y el daiquiri. Mi mojito en La Bodeguita, mi daiquirí en El Floridita, escribió en las paredes de uno de los locales. Dos medidas de ron blanco puro, un punto de lima y hielo picado, y el placer estaba servido. El viejo y el mar se creó durante aquellos días en la Finca Vigía y le hizo ganar el Pulitzer.

Tennessee Williams
Tennesse era fan del gin fizz: ginebra, limón, lima, sirope, clara de huevo, flor de naranjo, agua y crema. El rey del teatro norteamericano del siglo XX murió devastado por el alcohol. Fue en febrero del 83. En un hotel de Nueva York. Atiborrado de bourbon, barbitúricos y fracasos. Porque al que fue el dramaturgo más venerado de los 50, 60 y 70, lo fulminó una crítica despiadada e injusta que no fue capaz de superar.
Los personajes atormentados que habitan sus páginas parecen sacados de un manicomio: borrachos, tullidos, perdedores… Pero proceden de su propia experiencia, de una infancia complicada y una adolescencia marcada por la homosexualidad. Tennessee emborrachaba a sus demonios y los vomitaba en el papel con un desgarro inusual, o sobre tranvías llamados deseo o sobre tejados de zinc sobre los que caminaba una insinuante gata.

Marguerite Duras
Sartre le dijo que escribía mal, y se equivocaba. Es que Duras escribe distinto, su fuerza literaria reside en el sonido del lenguaje y el de su mundo, ese universo atormentado que nutría sus palabras. El Campari mezclado con ginebra, hacía lo demás.
Sus palabras saben a sufrimiento, a humedad estival en Saigón, a salvaje pasión compartida con El amante. Quién sabe si escrito entre las brumas de negroni o gracias a su innegable temperamento y genialidad. Poco importa. La novela es un alegato al deseo que se desborda torrencialmente al ritmo único de Duras. Quienes lo han leído, no lo olvidan.

27 de agosto de 2016

Hace calor

Ilustración: Raquel Feria Legrand 
Hace calor, la mente se abotaga y pierde su capacidad de pensar. El instinto de supervivencia anula otras facultades y se centra en el objetivo vital de hallar un lugar donde el sol no condene a la evaporación.

Escribir exige ciertas condiciones ambientales, un entorno propicio y que es distinto para cada autor. Se puede escribir con ruido y con silencio, a mano o a máquina, aquí y allí, pero no hay quien hilvane una frase coherente cuando la temperatura excede los 37 ºC. La memoria recuerda que en la nevera hay una botella de horchata fría y pierdes la concentración. Casi aprecias su sabor invadiendo lentamente la boca cuando abres el frigo y sientes ese golpe refrescante que invita a quedarse ahí, frente al portal del cielo. Viertes el líquido delicioso en un vaso y para cuando te lo acercas a los labios, hierve.

Vuelta a la mesa de trabajo con la frustración de haber fracasado en ese intento por amortiguar la canícula. El bar de la esquina tiene aire acondicionado, pero nadie te asegura que llegues vivo a destino porque antes debes atravesar el fuego del infierno. El ordenador también desprende calor, que suma unas décimas. La cama te susurra que vayas, que te acuestes y descanses hasta que pase lo peor. La tentación es poderosa. Tirarse como una colilla sobre las sábanas o ponerse bajo la ducha. Tremenda elección. Lástima que el ordenador no sea sumergible ni sepa nadar.

1 de agosto de 2016

Descolonizar el lenguaje

Descolonizar el lenguaje, de Patricia de Souza, es una obra que reúne muchas voces, voces femeninas, voces de mujer, y el deseo de poder ser, de ser y de construirse a través de la escritura.

Desde el positivismo de Flora Tristán: «Si yo quiero, yo puedo», su conciencia social, lúcida y capaz, arranca un ensayo de mujeres insumisas, convencidas de la igualdad y la libertad, para las que la Literatura es un lugar en el que crear su vida. Madame de Estaël usaba la palabra paria para nombrar a las mujeres que cultivaban las letras, comparándolas con los parias de la India. Teresa de Ávila nos traslada a la vida interior, a una experiencia mística e íntima, la escritura será una abstracción, otra forma de amar. Marguerite Duras es la que se muestra en cada palabra, la que habla sin tapujos, de su madre, de sus hermanos, de sus amantes… Transgrede porque es libre, se da cuando escribe. Clarice Lispector y su literatura intimista, a medio camino entre el mundo del inconsciente y mundo concreto. Ella es el grito que resiste. Virginia Woolf es la mujer en ruptura con la realidad que le toca vivir. Escribe como forma de rebelarse, para salvarse creando y milita en la grey de las mujeres que ansían su independencia, consciente que esta pasa por conseguir la autonomía económica. Catherine Pozzi, que siente la necesidad de escribir para existir. Marina Tsvietáieva una madre que escribe, trabaja y se pelea con las palabras. Elena Garro, Simone Weil, Blanca Varela, Michel Foulcaut… Y Patricia de Souza, que une todas las voces y las presenta desde una perspectiva nueva: la mujer como individuo con discurso, capaz de construir una tradición y un saber.

Título: Descolonizar el lenguaje
Autora: Patricia de Souza
Ediciones: Los libros de la Mujer Rota
Páginas: 124

25 de julio de 2016

Yo Tarzán

Si Edgar Rice Burroughs, aquel tipo de Chicago que fue de todo antes de dedicarse a escribir, desde afilador de lápices hasta soldado del Séptimo de Caballería, hubiera podido prever el éxito del personaje que creó en 1912 para la revista All Story Magazine…

Tarzán fue desde el principio un éxito, quizá propiciado por la fascinación que provocaba entonces un lugar tan desconocido como África y porque por aquellos días la literatura, como forma de entretenimiento, carecía de competencia, pues no existía la televisión ni la radio y el cine aún no tenía la capacidad de crear mitos universales.

Con los beneficios de su obra, una veintena larga de novelas que tuvieron al hombre mono como protagonista, Burroughs se compró un rancho al que llamó Tarzana. Alrededor de este rancho creció un pueblo con el mismo nombre.

Luego Tarzán se convirtió en seriales de radio y de televisión, en musical en Broadway, en cómics... El cine encontró un filón en las aventuras de Tarzán, más de doscientas películas con Tarzán como protagonista se han estrenado, la primera, en 1918. 
Elmo Lincoln, Tarzán de los Monos, 1918

12 de julio de 2016

Otoño desde mi ventana

Julia se precipita al vacío desde una ventana, mientras cae, durante unas fracciones de minuto, se arrepiente. Si se hubiera atrevido a hablar… Si hubiera podido abrir su alma y compartir su pesar… Pero algo le impidió comunicar su drama y ahora ya no hay marcha atrás.

El suicidio de alguien cercano conmociona, deja un sentimiento de culpa en quienes estuvieron junto a esa persona que ha optado por poner fin a sus días. ¿Cómo no supe detectar algún indicio? ¿Por qué no me dijo que se encontraba al límite? ¿Pude haberlo impedido? Dolor y dudas. Dolor por el desenlace imprevisto. Preguntas, muchas preguntas que hostigan la mente y torturan al corazón.

Otoño desde mi ventana habla de un tema tabú: el suicidio. En este caso provoca mayor perturbación porque se trata de una chica de 16 años, con todo el futuro por delante. Los padres de Julia, su abuela, sus amigas, los compañeros y compañeras del instituto… Todos quedan salpicados por esa muerte incomprensible.

Clara Fuertes realiza una descripción magnífica de tantos sentimientos alterados, de esas emociones que convulsionan durante largo tiempo, porque para hallar la paz, la mente necesita entender, dar respuesta a tamaña incertidumbre. La trama avanza magnética y brutal y el lector llega a sentir la curiosidad de los personajes como propia, contagiado de sus ganas de saber. Aunque el conocimiento espanta, pues la verdad llega causando heridas.

La relación de una pareja aniquilada por la rutina. La relación entre una madre y su hija adolescente, siempre complicada. La relación de amistad entre jóvenes. Las relaciones humanas, en suma, plagadas de afecto, de aristas cortantes, de capacidad de perdón y superación de conflictos. Todos estos planteamientos quedan perfectamente descritos por Clara Fuertes en su novela. Pero la autora aún guarda un elemento sorpresa para el desenlace, el bullyng y los abusos sexuales, asuntos candentes en nuestra sociedad, toman protagonismo y cierran una trama emotiva, dura y tratada con exquisita sensibilidad.

Otoño desde mi ventana es además una lectura obligada para padres y adolescentes, que se verán reflejados en situaciones conocidas y podrán tomar buena nota sobre cómo superar la etapa difícil de la adolescencia, haciendo prevalecer siempre el cariño, la sinceridad y la comunicación.

Autora: Clara Fuertes
Editorial: Editado por la autora
Páginas: 281

4 de julio de 2016

IX Encuentro de escritoras aragonesas Brioleta

Los días 1, 2 y 3 de julio se ha celebrado el IX Encuentro de escritoras aragonesas Brioleta, en la localidad de Yésero (Huesca). Organizado por Comarca Alto Gállego y con la colaboración del Ayuntamiento de Yésero. En esta ocasión las autoras invitadas eran: Clara Castán, Margarita Barbáchano, María Dubón, Marta Domínguez Alonso y Ana Cristina Vicén.
María Dubón, firma de ejemplares en Brioleta 2016


El programa de este año ha sido el siguiente:

Viernes 1
20:30 h. Recepción de las invitadas en el Ayuntamiento.
22 h. Inauguración del encuentro en Yésero, por la alcaldesa de Yésero y consejera de Cultura de la Comarca Alto Gállego y la Presidenta de la Comarca Alto Gállego.
22:15 h. Velada literaria. Coordina: Reyes Guillén.

Sábado 2
10 h. Visita guiada al Centro de la Pez de Yésero.
11 h. Taller y sesión de Cuentacuentos a cargo de Carmen Conguantes (entrada libre)
16 h. Apertura stand de Libros en femenino y visita a la exposición fotográfica Mujeres Altoaragonesas.
17 h. Mesa redonda: «¿Por qué escribimos?»: Clara Castán, Margarita Barbáchano, María Dubón, Marta Domínguez Alonso y Ana Cristina Vicén.
19:30 h. Panel de experiencias titulada Los libros nos abrigan más que las chaquetas. Las tertulias como espacio de acogida, respeto, aprendizaje y revolución, a cargo de Carmen Carramiñana.
22:30 h. Actuación teatral a cargo de Mujeres en Solfa, por La Chaminera (entrada libre).

Domingo 3
10:30 h. Apertura stand de Libros en femenino.
11 h. Firma de libros de las autoras invitadas.
12 h. Espectáculo musical de jota Ciria y Bueno en aragonés (entrada libre).
13 h. Clausura con Presentación de «El vino de las nieves» de Bodegas Bal minuta.


*Fotos de las jornadas del encuentro Brioleta 2016 en Facebook

27 de junio de 2016

Poesía soy yo

Hablaron y hablan de sus asuntos, de los temas que como mujeres les conciernen: amor, religión, conformismo, parto, sexo, vejez… En Poesía soy yo, Colección Visor de Poesía, se recogen las voces de ochenta y dos autoras nacidas entre 1886 y 1960. Ellas fueron pioneras de la poesía en español de diferentes países y culturas.

Puede pensarse que una obra así resulta innecesaria porque las mujeres ya son visibles en la literatura, escriben, leen y publican, pero no debemos olvidar a nuestras precursoras, a esas figuras literarias femeninas injustamente olvidadas, porque también en el ámbito literario, la igualdad entre hombres y mujeres no es una realidad efectiva.

Título: Poesía soy yo
Autoras: Raquel Lanseros y Ana Merino
Colección:  Visor de Poesía
Páginas: 978



Clase de religión
Soledad Álvarez

Dicen que Dios está en todas partes
que todo lo ve.
¿Estás en todas partes, Dios
todas las guerras el hambre viva los estómagos
embalsamados
el ojo inmenso
de cíclope insomne de Dios, lo ve?

La sangre en la cisura brutal del estupro
el puñal del asesino la ferocidad del malestar
¿y no se espanta Dios no llora no toma partido
la eternidad imperturbable?
Lo nimio también lo ve Dios.
La araña tejiendo el hilo de seda para la presa
la hormiga en busca del alimento

¿también a mí me mira cuando me miro desnuda
frente al espejo
cuando me peino fumo a escondidas quiero matar
y me avergüenzo?
Perdí la virginidad bajo la mirada de Dios.
El gran voyeur.

21 de junio de 2016

Mi lectora

Era la mañana del domingo 5 de junio. Yo firmaba ejemplares de mi poemario Puta en una caseta de la Feria del Libro de Zaragoza. La gente paseaba deteniéndose a mirar los libros expuestos. Algunas personas compraban, otras seguían su camino. A mediodía se acercó una joven vestida de negro. Estuvo mirando el poemario y comentó que ya volvería. En muchos casos es la excusa más socorrida, pero ella regresó para comprar el libro. Media hora más tarde estaba de vuelta en la caseta, con los ojos húmedos y la voz temblorosa. Me dijo que ya había acabado la lectura y que estaba conmovida por mis versos, que la conmoción le duraría todo el día. Me afectó su emoción. Me sentía tan agradecida. Mis palabras habían trascendido más allá del papel, habían contagiado pasión. Esa es mi ambición cuando escribo: emocionar al lector. Aunque solo sea a una.

Unos días después, Sergio, editor que estuvo en una caseta cercana, y yo contactamos a través del correo electrónico para resolver unas cuestiones. En la posdata de uno de sus mensajes me comentaba que me haría llegar una fotografía que le hizo en un banco de la plaza Aragón, donde se ubicaba la Feria, a una lectora de mi poemario. Me mencionó que estaba volcada en la lectura y la interrumpió un instante para pedirle permiso y fotografiarla mientras leía.

Le conté a Sergio la anécdota anterior. Era probable que fuera ella, mi lectora emocionada. Recibí su correo y descargué nerviosa las fotos. Sí. Allí estaba la chica de negro, con mi libro entre las manos. Me hace mucha ilusión tener este recuerdo de ella.

No sé quién es. Tampoco recuerdo su nombre. Firmé unos cuantos libros ese día. Puede que sea Cristina. Si por esas carambolas de la vida doy con ella, me gustaría explicarle esta historia y entregarle las fotos junto con mi agradecimiento.


P.D.: Si te reconoces en la foto, lectora. Por favor, ponte en contacto conmigo. Cerraríamos este precioso círculo que tú abriste.