21 de abril de 2017

Los que cortan el bacalao editorial

Entre Penguin Random House y Planeta, manejan el 70 % de la edición literaria española. Estos dos grupos editoriales se han comido a la competencia, a las librerías, a los autores y al público.

En general, las librerías se quedan con, aproximadamente, un 30 % del precio final de los libros, las distribuidoras un 20 %, un 40 % la editorial y al autor le toca un mísero 10 %.

Las pequeñas y medianas editoriales ya casi no pueden competir en el mercado porque las grandes controlan todo el proceso de vida del libro. Penguin Random House y Planeta distribuyen sus obras, así reducen costes, mejoran ofertas, aumentan beneficios y se van haciendo los amos del sector.

Ya casi no quedan editoriales medias en España y las pequeñas se dedican a la literatura alternativa porque no pueden pujar por un bestseller o una firma de renombre.

Las grandes editoriales no arriesgan, apuestan sobre seguro y compran colecciones, derechos de autor… Buscan el negocio. Las editoriales medianas y pequeñas son el último reducto para mantener la alternativa y la diversidad en un universo enorme. También representan una apuesta decidida por otro tipo de literatura, que pone el acento en los autores y en los lectores.

17 de abril de 2017

Manifiesto Por la dignidad de los escritores



La Asociación Aragonesa de Escritores (AAE) publica un manifiesto «Por la dignidad de los escritores» en el que se denuncia la situación laboral que se sufre en el oficio.

4 de abril de 2017

Proust y Cabourg

Proust en Cabourg
Marcel Proust se hospedó en el balneario de Cabourg durante siete veranos consecutivos, entre 1907 y 1914. Necesitaba la tranquilidad más absoluta para concentrase en  la escritura y la encontró en el Grand Hotel de Cabourg, en Normandía (Francia). Tal pasión despertó en él este hotel costero, que decidió incluirlo en «Las muchachas en flor» y en «Sodoma y Gomorra» como el Gran Hotel de Balbec. Los apasionados de la obra del autor francés pueden reconocer muchos lugares de la novela en la obra y, pese a que ha sido reformado, el Grand Hotel aún guarda mucho del encanto de la Belle Époque.
Grand Hotel de Cabourg


Proust fue por primera vez a Cabourg con su abuela, en un tren que partió de la estación de Saint-Lazare, «uno de esos inmensos talleres de cristal...», triste porque su madre no les acompañaba. Se alojaron en el Grand Hotel, aunque ocuparon las habitaciones más económicas, las del último piso.

El ascensor con vistas al exterior, que conoció la mortal angustia de Proust en la interminable ascensión, desapareció hace décadas. En la actualidad, el lujoso hotel le honra con la Sala Marcel Proust, de 450 metros cuadrados. También hay un restaurante, Le Balbec, y en la terraza sobre el mar un bar llamado Du coté de chez Swan. En el hotel no hubo una, sino varias habitaciones ocupadas por Proust, dependiendo del estado de sus finanzas.
Una de las habitaciones ocupadas por Proust en el Grand Hotel


En el último piso se encuentra la buhardilla donde el escritor se refugiaba para escribir A la sombra de las muchachas en flor. Por los ojos de buey vislumbraba el paseo marítimo y sobre todo el mar, el maravilloso mar, y el cielo gris, donde «se posaba con exquisito refinamiento un leve tono rosado...». 
Salón Proust en la actualidad


30 de marzo de 2017

El tamaño del mundo

El tamaño del mundo, novela de Ramón Acín, es una historia de guerras, una historia de vidas, de vidas en la guerra, de guerras que invaden las vidas de las personas y las anegan de dolor y sufrimiento.

Julián es un niño al que su tío Pedro, superviviente de la guerra de Cuba, instruye en el pacifismo: «Las guerras solo las padecen de verdad los pobres, sean soldados o civiles, porque para los jefes militares el hecho de planearlas es un juego y para los políticos que las conciben con anterioridad, una mina para sus fortunas». Julián, nacido en Monte Oscuro, entre montañas y gente endurecida por una realidad difícil, se forjó un carácter independiente y fuerte; amante de la justicia, la dignidad y el trabajo, pretendió encontrar «el lugar en el mundo» que le aconsejaba su tío, pero un destino inflexible tejía planes para todos los que vivieron aquellos años difíciles y crispados en una España que se desmoronaba. El horizonte se tornó negro e incierto.

En Europa, la revolución rusa propuso un amanecer solidario, sin embargo, la Gran Guerra quebraría la ilusión por un futuro fraterno. En España vinieron las huelgas reivindicativas, las conspiraciones de los republicanos, los pistoleros de  uno y otro bando, los movimientos en el ala liberal del ejército, la agitación social, unos gobiernos vacilantes… Y Julián, que había cumplido su aspiración infantil de entrar a formar parte del Cuerpo de Carabineros, tuvo que participar en la contienda que rompió el país. Intentó poner a salvo a su único hijo varón enviándolo a Argentina, intentó hacer lo que su sentido del deber le ordenaba, y comprobó que las advertencias del tío Pedro se volvían ciertas. La guerra, culpable de la desmembración familiar, causará estragos. El destino se vuelve ingobernable y a su merced solo persiste el empeño de seguir viviendo, aunque sea con desaliento y sin fuerzas. Porque Julián está herido por la soledad y la tristeza, su esposa muere y la familia se desgaja. Las armas han impuesto su ley y la sinrazón rige, provocándole un odio profundo a la guerra y a todo cuanto conlleva.

En El tamaño del mundo, Ramón Acín nos invita a reflexionar con asertos cargados de enjundia, presenta a personajes reales como Ángel García Hernández, Francisco Ascaso, Ramón Acín Aquilué y Ramón J. Sender, pues la ficción y la realidad entretejen la trama de una novela vital y emocionada, donde prima el vivir con los demás y en los demás, en una solidaridad imprescindible, la que ayuda a resistir en una tierra adversa como el Sobrarbe.

Título: El tamaño del mundo
Autor: Ramón Acín
Editorial: Doce Robles
Páginas: 171


*Reseña publicada el día 30 de marzo de 2017 en el suplemento “Artes y Letras” del diario Heraldo de Aragón.

28 de marzo de 2017

75 Aniversario de la muerte de Miguel Hernández

Miguel Hernández Gilabert nació un 30 de octubre de 1910 en Orihuela. Su padre  le obligó a seguir la tradición familiar, pero él se negó a ser cabrero. Miguel sentía pasión por la poesía clásica española y tuvo una formación autodidacta, forjada con autores como: Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca y, en especial, Luis de Góngora…
Un 28 de marzo, a los 32 años de edad, Miguel Hernández fallecía a causa de una tuberculosis. Era el año 1942. España perdía a uno de los mejores escritores de su historia. Hoy se cumplen 75 años de la muerte del poeta.
Miguel tenía una sensibilidad especial y la volcaba en su poesía. Intervino en la tertulia literaria de Orihuela, donde conoce a Ramón Sijé, su gran amigo. A los 20 años, empieza a publicar poesías cortas en revistas como El pueblo de Orihuela o El Día de Alicante. Enseguida viaja a Madrid y forma parte del movimiento poético de la época, colabora en distintas revistas y escribe El silbo vulnerado, Imagen de tu huella y El rayo que no cesa.
Participa de forma activa en la Guerra Civil, lo que le obliga a abandonar el país cuando finaliza. Por desgracia, le descubren en la frontera con Portugal, es detenido y sentenciado a pena de muerte. Su condena se le conmuta por una pena de 30 años de prisión, que no llegó a cumplir, la enfermedad puso fin a su carrera y a sus días.


SENTADO SOBRE LOS MUERTOS

Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo mantiene.
Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene, 
eso pide mi garganta 
desde ahora y desde siempre.

27 de marzo de 2017

Todos los cuentos

Cristina Fernández Cubas es una mujer especial, ha viajado por medio mundo y lo ha hecho con los ojos bien abiertos, percatándose de cada detalle. Quizá por eso, por su facilidad para fijarse en todo, es capaz de crear atmósferas cargadas de elementos reveladores y se ha convertido en una virtuosa del cuento. Esta destreza le ha servido para merecer numerosos premios como el Premio Ciutat de Barcelona de Literatura en Lengua Castellana, el Premio Salambó de Narrativa en castellano, el Premio Cálamo Libro del Año, Premio NH de Relato Publicado Cinco estrellas, Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa.

De sus cuentos se puede decir muchas cosas, pero el criterio común es que escribe historias inquietantes, que sabe dosificar perfectamente la información para mantener la tensión narrativa y que no dejan indiferente a nadie. Son cuentos llenos de sugestiones, y el lector, forzosamente, debe participar de forma activa descifrando esas claves, las razones que mueven a los personajes.

Cristina Fernández escribe de modo sencillo y directo, dotando de  una estructura depurada a sus historias y sin ningún elemento superfluo. Su particular estilo, donde importa tanto lo que dice como lo que oculta, la convierte en una excelente representante de la literatura española.

Título: Todos los cuentos
Autora: Cristina Fernández Cubas
Editorial: Tusquets
Páginas: 512 

23 de marzo de 2017

Literatura por el cambio

En sus 111 ediciones, el Nobel de Literatura se ha otorgado a 13 mujeres. De las 40 entregas del Cervantes, solo 4 han sido para escritoras. ¿Será porque por cada nueve escritores buenos solo hay una escritora?

«Ser escritora y no morir en el intento», ese es el objetivo de las mujeres que escribimos. Ya no tenemos los impedimentos que nos afectaban en el siglo XIX, podemos acceder a la vida intelectual y académica, no necesitamos la autorización tácita o explícita de nuestro marido para poder publicar, ya no nos enfrentamos al prejuicio social que nos estigmatizaba como mujeres «sabias», pero… La mujer escritora no está en igual medida representada ni en las librerías ni en las historias de la literatura. Aún hay colegas masculinos que insisten en que escribimos para mujeres: novela rosa modernizada y ñoña.

Un hombre puede ser escritor.

Una escritora es una mujer que es madre, ama de casa, trabajadora y que, además, escribe.

La literatura es uno de los espacios donde los estereotipos se forjan y se reproducen. Quizás sea el vehículo que facilite el cambio social.

14 de marzo de 2017

Zenobia Camprubí

Zenobia Camprubí fue pareja de Juan Ramón Jiménez. Relegó su propia vida y puso toda su energía al servicio del poeta. Un poco de amor,  un poco de odio,  y luego, buenos días…, escribió. Zenobia soportó con resignación y buen humor las crisis neuróticas de Juan Ramón, su estado anímico gris y esa debilidad aprendida para lograr el cariño ajeno. Juan Ramón se lavaba las manos con agua de colonia antes de ponerse a escribir y se metía en una habitación acolchada para que ningún ruido o distracción perturbase su concentración. Necesitaba un silencio absoluto.

Zenobia mantuvo a Juan Ramón, montó un anticuario, decoraba apartamentos para alquilarlos a diplomáticos extranjeros y ella misma fregaba las escaleras. Remendaba ropa, cocinaba y enseñaba a leer y a escribir a las mujeres presas. Fue viajera, feminista, miembro destacado del Lyceum Club Femenino junto a Victoria Kent, defensora de los niños víctimas de la guerra civil. La  traductora, la correctora de estilo, el agente, la psicóloga y la madre de Juan Ramón Jiménez.

Zenobia Camprubí murió tres días después de saber que le habían concedido el Nobel a su marido. Antes de que el cáncer se la llevara, dejó por escrito las recomendaciones que tendría que seguir quien se encargase de cuidar al poeta en su ausencia.

26 de febrero de 2017

Faro de las Ballenas. Isla de Ré (Francia). Foto: Michel Griffon

La noche fue una lucha contra el mar para arrancarle una docena de peces con los que poder subsistir. Tentado estuvo de acostarse entre las olas y dejar que la marea cercara su cuello de espuma hasta la asfixia. La Luna le miraba desde su reino negro. Solo, abrazado al último recuerdo de ese adiós que pulverizó su alma en millones de esquirlas. El faro le lanzó cuatro guiños blancos. Cómplice de su dolor, le advertía del peligro. Vuelve, le gritaron las sirenas. Vuelve. Una mano de plata se posó sobre el timón y puso rumbo a casa, a Ré. Desembarcó la exigua carga en el muelle y regaló el pescado a cambio de una ración de alcohol que finiquitase aquella noche sin fin, su vida varada. No se molestó en recoger la moneda que alguien le tiró para cumplir con la tradición. Empezó a beber en un rincón de la barra hasta que escuchó ese canto agudo y armonioso que provenía de las profundidades del océano. Recordó sus ojos, aquella mirada de súplica, la sangre tiñendo el agua, el llanto de aquel ballenato que perdía a su madre y el arponazo que le convirtió en asesino.

22 de febrero de 2017

El monstruo de Mary Shelley

Mary Wollstonecraft Shelley pasaba el verano de 1816 junto a su amado Percy Shelley en el lago Leman (Ginebra). Cerca de ellos vivía el célebre poeta inglés Lord Byron, que tenía una aventura amorosa con Claire, hermana de Mary. El tiempo fue especialmente malo ese verano, llovía a mares y el cielo nocturno se iluminaba con enormes relámpagos. El clima acompañaba la vida interior de los jóvenes románticos, nerviosos y excitados. Se leían mutuamente historias de terror y tenían alucinaciones mientras fuera rugía el temporal.

Una de estas noches tormentosas, Byron les propuso escribir ellos mismos historias de terror. Al principio, a Mary no se le ocurría nada, mientras el resto del grupo hacía aportaciones de todo tipo, aunque sin gran entusiasmo. Dos días más tarde, Mary tuvo una pesadilla. En medio del sopor, antes de quedarse definitivamente dormida, vio ante sí al doctor Frankenstein y a su horrible monstruo. Acababa de nacer un mito.

La historia comienza en el Polo Norte. Un día el explorador Robert Walton ve de lejos a un ser de aspecto casi humano que pasa rápidamente montado en un trineo tirado por perros. Al día siguiente la tripulación acoge a bordo a un hombre medio congelado, es el doctor Frankenstein. El ártico es la última estación de una interminable persecución en la que no está claro quién sigue a quién: ¿El doctor Frankenstein acosa a su espantosa creación o es el monstruo el que hostiga a su creador?

Una vez a bordo del barco, el doctor Frankenstein le narra su historia a Walton. Siendo un joven investigador, la ambición le había impulsado a concebir la idea de crear un ser humano. Tras largos años de experimentos, logró hallar el elixir de la vida. Esta sombrosa fórmula le permitió despertar a la existencia a un gigante compuesto a base de trozos de cadáveres.

Más tarde, el doctor Frankenstein sintió remordimientos al comprender lo que realmente había creado y por eso sintió alivio cuando el monstruo desapareció de su laboratorio. La criatura huida vaga por el campo, pero busca conectar con la civilización. Leyó a Plutarco, el Paraíso de Milton y Las desventuras del joven Werther de Goethe, sin embargo, su espantoso aspecto hacía que su educación le resultase inútil, allí donde aparecía, las mujeres se desmayaban, los niños salían huyendo despavoridos y los hombres buscaban instintivamente la horca de labrador. El engendro solitario solicitó al doctor Frankenstein una compañera que fuera tan horrible como él, pero el científico imaginó con horror lo que pasaría si la pareja engendraba nuevos monstruos y resolvió que no le crearía una compañera femenina. El monstruo, cegado por la ira y la decepción de un ser marginado que busca afecto y solo es capaz de causar espanto, decidió aniquilar a su creador. Asesinó a todas las personas a las que amaba el doctor Frankenstein: a su hermano, a su amigo y a su prometida, y el doctor juró perseguirle hasta que uno de los dos muriera.

La caza concluye en el Polo Norte. El doctor Frankenstein muere de agotamiento en los brazos del explorador Walton. El monstruo anuncia que él mismo se prenderá fuego, la imagen final describe cómo se aleja el monstruo sobre un témpano de hielo y desaparece en la oscuridad de la noche.

Durante las tormentosas noches del verano de 1816, los románticos ingleses conversaron sobre la posibilidad de crear vida artificial. Hablaron de los experimentos del profesor italiano de anatomía Luigi Galvani, que había observado unos años antes cómo unas ranas muertas comenzaban a moverse convulsivamente si las tocaba con la hoja de un bisturí cargada de electricidad estática. También se fijaron en el extraño experimento del doctor Erasmus Darwin (abuelo de Charles Darwin) que había logrado infundir movimiento a un trozo de fideo. De acuerdo con las teorías más novedosas del momento, la electricidad era fundamental a la hora de dar vida a la materia muerta. En el siglo XVI, el célebre médico suizo Paracelso creyó que podría crear un pequeño ser humano (homunculus) de una mezcla de esperma y sangre enterrada en excrementos de caballo.

Como es natural, Mary Shelley no fue muy precisa a la hora de describir los medios con los que el doctor Frankenstein dio vida a su creación, por lo visto, la autora imaginó una combinación de electricidad, una chispa divina y genialidad, por eso le puso a su novela el subtítulo de El moderno Prometeo. El romanticismo descubrió al hacedor de hombres Prometeo (personaje mitológico que insufla vida a sus figurillas de barro mediante el fuego) como símbolo de los artistas creadores. El artista no imitaba a la naturaleza, sino que la generaba de nuevo. Se consideraba la escritura como un acto de creación. Los artistas se convirtieron entonces en hacedores semejantes a Dios y se calificaba de genios a los individuos que poseían esta capacidad extraordinaria. El genio tenía el don de recrear el mundo mediante un acto de imaginación.

Mary Shelley sustituyó el genio artístico romántico por el investigador. Su Prometeo moderno no es un poeta sino un científico megalómano. Así concibió la imagen de una ciencia que ocupa el lugar de Dios, pero cuyas creaciones se malogran horriblemente, por eso resulta tan fascinante el mito de Frankenstein.

16 de febrero de 2017

Bibliobús

El bibliobús o biblioteca rodante tuvo su origen dentro de las actividades llevadas a cabo en España por el Patronato de Misiones Pedagógicas durante la Segunda República. El proyecto tuvo especial aceptación y desarrollo en Cataluña. El Servicio de Bibliotecas en el Frente, puesto en marcha en 1938 por la Generalitat de Catalunya, facilitó la lectura a los combatientes. Un camión adaptado recorría los frentes y hospitales de primera línea y retaguardia cargado de libros.

2 de febrero de 2017

La noche antes de irse

Aureliano Mercader se convierte en el protagonista de La noche antes de irse, cuando se indaga sobre su vida.

La petición: «Mira qué fue de Aureliano Mercader» es un encargo envenenado que obligará a perseguir su rastro, a profundizar en su biografía y así, con olfato de sabueso, entre datos, recuerdos, documentos y fotos se va construyendo la identidad de un hombre que emerge entre la niebla del tiempo.

De esta manera conocemos los orígenes oscenses de Aureliano, su estancia en el seminario de Belchite, sus andanzas políticas en Barcelona, su paso por la universidad romana de San Anselmo, su huída a Australia, sus estudios de arte, su amistad con Ramón Rius o el final de sus días en el asilo St. Leonard’s-on-Sea, compartiendo vejez con otros ancianos y con su reencontrado amigo. Algunas pistas llegan a emparentarlo con Ramón Mercader, el asesino de Troski, pero sin poder confirmar el valor de esta teoría, el vínculo se reduce a meras habladurías.

Ramón Acín ha tejido una historia en torno a la búsqueda y al descubrimiento de una existencia que resulta un enigma por descifrar y que ofrece unas dimensiones insospechadas al biógrafo que se va sumergiendo en ella. Una personalidad uncida a una fisonomía, a una forma de concebir la vida.

Cartas, legajos y fotografías son el rastro a seguir hasta dar con el auténtico Aureliano Mercader, un hombre, como todos, lleno de claroscuros, matices e incógnitas, una identidad en la que todos nos conocemos y nos reconocemos.

Ramón Acín clava el anzuelo en la curiosidad del lector y la alimenta de reflexiones, de apuntes y hallazgos que no solo muestran a Aureliano Mercader. Pero para saber más, hay que leer esta historia.

Título: La noche antes de irse
Autor: Ramón Acín
Editorial: Instituto de Estudios Aragoneses
Páginas: 94
Año: 2016