Apreciar la Literatura

En realidad, la Literatura no se escribe para ser explicada, sino para su comprensión directa y goce estético. Pero podemos profundizar en esta comprensión y goce estético a través de la reflexión sobre las causas que convierten un texto en obra de arte.

Lo primero que necesitamos es comprender el sentido literal de las palabras, con la ayuda, si es preciso, del diccionario. En segundo lugar, intentaremos traducir al lenguaje común el literario del texto. La mayor dificultad la pueden presentar las imágenes (metáforas, símbolos, etc.), en las que las palabras son tomadas, no en su sentido primero y denotativo de la comunicación ordinaria, sino en una acepción secundaria o connotativa. La significación correcta, en este caso, no la dan las palabras aisladas, sino el significado general del texto en que figuran esas imágenes. En este momento, el papel más importante lo juega la intuición de cada uno, y no el razonamiento. Y es que el mensaje poético se dirige más al sentimiento que a la razón. Hay lectores que captan de forma inmediata y profunda el contenido de un pasaje, y otros que carecen de la suficiente sensibilidad.

Es posible, a pesar de todo, que se nos escape alguna parte del texto. En unos casos, los pasajes oscuros se interpretan intuitivamente por el contexto. En otros, quizá la oscuridad sea provocada por el propio escritor, porque no se dirige a la razón para una comprensión lógica, sino para causarnos extrañeza, para despertar en nosotros sensaciones y emociones. En algunos poetas las imágenes o grupos de imágenes tienen un valor independiente del conjunto e importan por sí mismas. Así, de algunos poemas de García Lorca se han dado muchas interpretaciones. El mismo poeta dijo de uno de ellos que no lo había "entendido" cuando lo escribió.

Para apreciar una obra de arte, cualquiera, es preciso tener una "preparación", una sensibilidad especial, una intuición. Intuición significa, precisamente, adivinación, comprensión penetrante y rápida de una idea, sin necesidad de que intermedie el razonamiento o discurso. Sólo una persona sensible, un lector intuitivo, puede, en efecto, reproducir en su alma, como un todo orgánico, el mismo estado poético del autor en el momento de realizar su obra.