Microrrelato


Aplasta la rodaja de limón contra el borde de la taza de té con la misma furia y con la misma rabia con que le ha aplastado la cabeza al verdugo que yace en el suelo de la cocina, las manos aún le tiemblan y los latidos del corazón retumban en sus oídos como cañonazos rítmicos. Toma un sorbo del amargo brebaje y respira hondo, se siente aliviada y satisfecha, otro trago y saborea su libertad recién recobrada, solo tiene que fregar el suelo y sacar la basura para eliminar de su vida todo rastro del hijoputa que la ha torturado durante catorce años.

Comentarios

  1. Buuuuuf!!! que fuerte. es lo que se merecen todos los hijoputas del mundo que maltratan a sus mujeres.

    ResponderEliminar
  2. Fuerte, contundente, un auténtico mazazo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Tú eres el destinatario de este blog y tu opinión, siempre que sea respetuosa y relacionada con el tema de cada post, nos interesa a todos. El resto, se suprimirá.