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Mostrando entradas de marzo, 2005

Derechos del escritor

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Se habla mucho de los derechos de autor últimamente. Sobre todo de los derechos del autor musical que, con tanto celo y a golpe de canon, defiende la SGAE, pero se habla poco o nada de los derechos de los escritores. Me refiero a que mientras el canon anti pirateo ha movilizado en contra a gran parte de la sociedad, el canon que pretende imponerse por el préstamo de libros en las bibliotecas no ha tenido el mismo rechazo.

Cuatrocientos escritores han firmado un manifiesto en el que declaran que no existe conflicto de intereses entre los derechos de los autores y las bibliotecas. Curiosamente, quienes están a favor de este cobro son personas muy vinculadas con la asociación privada que lo promociona y que pretende administrarlo, con los consiguientes beneficios económicos. Para que todos nos hagamos una idea, esta asociación obtuvo en el último año unos ingresos de 16,19 millones de euros (casi tres mil millones de pesetas) sólo por administrar los derechos de reprografía. Dicha cantida…

Bajo la sombra alargada de los padres

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La criatura humana es el ser más débil y desvalido de la creación. Su capacidad de supervivencia sin ayuda es nula, y es así durante mucho tiempo. Los seres humanos nacemos prácticamente “a medio hacer”, poseemos un bagaje innato, pero el hombre es en gran medida un fruto de su ambiente, es la cultura lo que nos hace como somos, por eso cada uno de nosotros sería diferente si hubiera crecido en un medio distinto, seríamos sencillamente otra persona.

Esto puede constituir una gran desventaja si el medio en que nace y se desarrolla un niño no es el más adecuado, sobre todo cuando se presenta el caso de que los adultos que han de educarlo no son capaces de darle el amor necesario para desarrollar su carácter convenientemente, ya que el afecto es el requisito indispensable para formar la personalidad de un individuo.

En la literatura encontramos muchos malos padres pululando y muy pocos casos de padres protectores y cariñosos. La famosa Carta al padre de Kafka sigue siendo un modelo de desa…

Clarín, Leopoldo Alas

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Leopoldo Alas, conocido en la literatura con el seudónimo de “Clarín”, es una de esas conciencias profundamente sensibilizadas que de vez en cuando aparecen en el panorama literario e ideológico hispánico.En “Clarín” todo fue precocidad, no sólo en relación al desarrollo de su personalidad, a los treinta y tres años había escrito ya La regenta, sin duda una de las mejores novelas de la literatura española después del Quijote, sino también en relación al desarrollo de la sociedad y de la vida de la España de su tiempo. Toda su labor como novelista y todo su quehacer como crítico nos lo presentan como un espíritu vigilante, como un hombre de visión lúcida, agudizada respecto a los problemas estéticos, políticos y sociales de su época. La mirada de Clarín es como un afilado bisturí, implacable casi siempre, ácida, de una tremenda fuerza crítica, pero también puede mostrarse a veces comprensiva y hasta compasiva. Leopoldo Enrique García-Alas Ureña, nació en 1852 en Zamora, donde su padre o…

Máscara

Lo era...
Y ni siquiera lo sospeché.

Cuando miraba tu rostro,
arrobado de amor,
no me daba cuenta
de que veía una máscara.

Al descubrir la verdad,
comprendí que tu máscara
estaba colgada en mi mirada.

Todavía no conozco
tu auténtica cara,
panel de rostros desplegados,
territorio restringido,
espejo de mentira.

Lo es...
enigma enmascarado.

A merced de las críticas

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Leo la selección de crítica de una revista literaria y pienso en ese pobre autor que ha sido despellejado vivo ante el ojo público. El crítico inhumano canta sus miserias y mete el dedo en la llaga de su desgracia. “La novela es un modelo de incongruencia y desatino. Un alarde de inverosimilitud. Un aparatoso engranaje que chirría hasta el punto que se agradece el blanco de la última página. Un estilo impregnado de coloquialismos y modismos, que pretende pasar por lenguaje natural. Un planteamiento que no se ve refrendado por el talento adecuado”. ¿Era necesaria tanta crueldad?

Cuando un escritor escribe, lo hace para sí mismo, pero cuando publica, lo hace contra todos, ya que espera con pánico las primeras críticas para ver por cuál de las esquinas de su alma empezarán a destrozarlo. O, todavía peor, acaba constatando, desolado, que ni tan siquiera se toman la molestia de hablar de su trabajo. Esta situación poco grata es casi siempre inevitable: el autor quiere publicar su obra, hace…

Pena

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Aquel hombre me daba pena. Dominado por la furia, me pateaba todo el cuerpo y me perseguía por la casa al tiempo que me insultaba. No podía soportar la idea de ser un cornudo. Yo le dejaba apalearme sin hacer nada por escapar de sus golpes. Podía destrozarle la yugular en un instante, pero sentía lástima por él. Al final, yo me quedaría con Luisa. Porque ningún hombre soporta vivir con una esposa que se tira a su perro cada día.