Clarín, Leopoldo Alas

Leopoldo Alas, conocido en la literatura con el seudónimo de “Clarín”, es una de esas conciencias profundamente sensibilizadas que de vez en cuando aparecen en el panorama literario e ideológico hispánico. En “Clarín” todo fue precocidad, no sólo en relación al desarrollo de su personalidad, a los treinta y tres años había escrito ya La regenta, sin duda una de las mejores novelas de la literatura española después del Quijote, sino también en relación al desarrollo de la sociedad y de la vida de la España de su tiempo. Toda su labor como novelista y todo su quehacer como crítico nos lo presentan como un espíritu vigilante, como un hombre de visión lúcida, agudizada respecto a los problemas estéticos, políticos y sociales de su época. La mirada de Clarín es como un afilado bisturí, implacable casi siempre, ácida, de una tremenda fuerza crítica, pero también puede mostrarse a veces comprensiva y hasta compasiva.

Leopoldo Enrique García-Alas Ureña, nació en 1852 en Zamora, donde su padre ostentaba el cargo de gobernador. Sin embargo, la familia era asturiana y a Asturias volvió poco tiempo después. Leopoldo Alas hizo sus primeros estudios en la ciudad de León, en el colegio de los padres jesuitas de San Marcos, donde fue un alumno modelo. No hay que olvidar en su biografía estos años de formación en la Compañía de Jesús, porque nos permite comprender su faceta de moralista que convivió siempre con su tendencia agnóstica y su gran sentido crítico.

Cuando él contaba siete años, sus padres regresaron a Asturias. Clarín fue con ellos y se integró así en la tierra y en el paisaje que habría de ser definitivamente suyo, donde transcurriría toda su vida, y que retrató de una manera excepcional en su obra literaria. La biblioteca paterna le proporcionó sus primeros contactos con el mundo de las letras. En 1863 empezó sus estudios: Latín, Aritmética y Doctrina Cristiana, de bachillerato o preparación para su ingreso en la Universidad. Entretanto, su vocación literaria se había despertado ya y escribe versos y epigramas que publica en el semanario humorístico madrileño “Gil Blas”.

En 1869 es ya bachiller y en dos años obtiene en la Universidad de Oviedo el título de licenciado en Derecho. Una vez terminada la Licenciatura, pasa a Madrid a cursar el doctorado y a preparar oposiciones a cátedra. Tanto en los últimos años de su estancia en Oviedo como durante estos que reside en Madrid, Clarín vive intensamente los ideales revolucionarios que en 1873 habían de llevar a la instauración de la Primera República española, ideales, a los que manera general, fue fiel durante toda su vida. Aunque el acusado sentido crítico que poseía le hizo mantenerse luego a cierta distancia de estos movimientos, así como no le permitió aceptar sus últimas consecuencias: los postulados de las corrientes de moda, ya fuera el liberalismo político, el naturalismo literario o el krausismo filosófico.

En Madrid, durante la época de la Restauración, forma parte de la redacción de la revista satírica “El Solfeo”, en cuyas colaboraciones adopta por primera vez el seudónimo “Clarín”, que le hiciera famoso. En 1878 obtiene el grado de Doctor en Derecho Civil y Canónico con su tesis El derecho y la moralidad. Al año siguiente concurre a unas oposiciones a cátedra de Economía Política, que no obtiene a causa de sus escritos en “El Solfeo” y tres años más tarde es nombrado catedrático en Economía política y estadística en la Universidad de Zaragoza, este año se casa con la asturiana Onofre García Argüelles. Consigue permutar su cátedra con la de Derecho romano en Oviedo y pasa a vivir definitivamente en la tierra de sus antepasados. A partir de aquí aparece una dualidad en su personalidad: por una parte tenemos a don Leopoldo Alas, catedrático exigente, y por otra, al escritor y novelista y, sobre todo, al satírico Clarín, temido y odiado por muchos.

En 1885 aparece en Barcelona su gran novela La regenta, obra que le consagrará como el mejor escritor del XIX español. Su tarea literaria prosigue con sus colaboraciones a las revistas y periódicos madrileños: El Globo, La Ilustración, Madrid cómico, El Imparcial, prepara y publica sus libros de cuentos Pipá y Cuentos morales, continúa su labor novelística con Su único hijo y sus críticas y sátiras con Paliques y Folletos literarios, prueba suerte en el teatro con una obra Teresa, que no obtuvo éxito.

Clarín, hombre de poca resistencia física y de naturaleza débil, muere en 1901, a los cuarenta y nueve años de edad a causa de una enfermedad que padecía desde hacía tiempo.

Personalidad compleja y paradójica, Clarín ha sido uno de los autores literarios a los que con mayor injusticia se le han regateado méritos literarios, no sólo en vida, sino después de su muerte. Por eso ahora, con motivo del centenario de su muerte, es justo que desaparezca esa especie de tabú que existía sobre su persona y sobre su obra y sus méritos literarios sean reconocidos.

Comentarios

  1. Muy interesante esta biografía.

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  2. Hola:
    Acabo de descubrir tu bitácora y he repasado tus anotaciones con agrado. Observo complacido que ofreces un enlace a Bibliotecosas: será un placer darle reciprocidad, me gusta lo que escribes. Te seguiré con interés, ánimo en la singladura :O)
    Iulius (http://bibliotecosas.blogia.com)

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