Derechos del escritor

Se habla mucho de los derechos de autor últimamente. Sobre todo de los derechos del autor musical que, con tanto celo y a golpe de canon, defiende la SGAE, pero se habla poco o nada de los derechos de los escritores. Me refiero a que mientras el canon anti pirateo ha movilizado en contra a gran parte de la sociedad, el canon que pretende imponerse por el préstamo de libros en las bibliotecas no ha tenido el mismo rechazo.

Cuatrocientos escritores han firmado un manifiesto en el que declaran que no existe conflicto de intereses entre los derechos de los autores y las bibliotecas. Curiosamente, quienes están a favor de este cobro son personas muy vinculadas con la asociación privada que lo promociona y que pretende administrarlo, con los consiguientes beneficios económicos. Para que todos nos hagamos una idea, esta asociación obtuvo en el último año unos ingresos de 16,19 millones de euros (casi tres mil millones de pesetas) sólo por administrar los derechos de reprografía. Dicha cantidad se incrementaría, y cómo, si, además, gestionara el canon por préstamo.

Los supuestos defensores de los derechos de autor lo reducen todo a una mera cuestión económica, como si fuera el dinero lo único que le interesa a un creador. Lógicamente, los escritores no viven del aire, pero opino que a todos les importa más dar a conocer su obra, ser leídos, perdurar y formar parte de la cultura universal. Las bibliotecas públicas acercan al lector las creaciones de escritores clásicos y contemporáneos, animan a leer, contribuyen a la divulgación de las obras de los autores. ¿Qué puede haber mejor para un escritor que tener un libro en las estanterías de una biblioteca?

Cuando una biblioteca compra una obra paga los derechos que le corresponden al autor. Y si la obra está destinada a un club de lectura, la biblioteca paga treinta veces esos derechos. Así pues, no es la biblioteca la que perjudica al autor, sino los editores que imponen contratos leoninos y no realizan liquidaciones honestas. ¿Mejorará la situación económica de los autores si se instaura el canon por el préstamo? ¿Mejorarán los fondos destinados a la compra de libros para bibliotecas? No. La campaña a favor de los pretendidos derechos de autor que vendría a compensar el canon por el préstamo está dirigida por las grandes editoriales, que así pagarían menos porcentaje a los autores, y por una asociación privada que quiere quedarse un buen pellizco de cada autor.

La biblioteca no está en deuda con el autor, más bien al contrario. La mayoría de los que nos dedicamos a escribir tenemos contraída una enorme deuda con las bibliotecas, en ellas nos hemos formado gracias a cientos de lecturas, de manera que estar en contra del préstamo de pago es una cuestión de gratitud.

Comentarios

  1. ¡No al pago por el préstamo en las bibliotecas! Al final volveremos a la Edad Media y la cultura será solo para los que puedan pagársela.

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  2. Una biblioteca no es un mercado. A la biblioteca se va a adquirir cultura y la cultura es un derecho de todos. Hasta ahora no se cobraba por leer, sólo cuando la SGAE ha entrado a saco con los derechos de autor de los músicos a CEDRO se le ha encendido la bombilla. El canon es otra forma más de enriquecer a los mismos.
    ¡NO AL CANON!

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  3. Pagar por todo. Esto es una sociedad de mercado donde todo tiene un precio. Lo tomas o lo dejas es una opción deprimente.

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  4. Las bibliotecas parecían el último reducto para la cultura, pero pronto las veremos convertidas en un mercadillo.

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  5. No se escuchan las quejas de los escritores, se escuchan los gritos de los piratas que practican el abordaje literario. ¡Que echen fuego los cañones!

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  6. Los cánones en productos informáticos, música y libros me parecen injustos porque penalizan a todo el mundo y no a los que cometen el delito de violar la propiedad intelectual. No todos somos piratas. ¿Y el derecho de presunción de inocencia que defiende la Constitución?

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  7. El cochino dinero lo empuerca todo convirtiendo en negocio cualquier actividad humana. Los escritores son el eje del sistema cultural y son los que menos perciben. Los editores, los distribuidores, los que "velan" por los derechos del autor, los libreros... se quedan con los beneficios del trabajo ajeno. En ninguna otra profesión ocurre esto.

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