Día del Libro, su historia

Todo surge con un editor valenciano llamado Vicente Clavel, un acérrimo y entusiasta admirador de Cervantes, que decidió conmemorar la fecha del nacimiento del insigne autor celebrando “el día del libro español”.

Así, el 7 de octubre de 1926 tiene lugar la primera Fiesta del Libro Español, con actos diversos: descuento del 10% en todos los ejemplares, una hora de lectura en los colegios de libros que “exaltasen la patria y el libro español” y un premio de mil pesetas para artículos escritos en castellano. Incluso se compuso un himno para tal evento que decía: En himnos fervientes cantemos al libro, loor a Cervantes, ingenio español/ por la alta cultura constante velemos/ y vibre en nuestra alma de España el honor.

El paso del tiempo demostró que la climatología del mes de octubre no propiciaba salir de compras por los puestos callejeros, de manera que se cambió para la celebración el día del nacimiento de Cervantes por el de su muerte, dándose la casualidad de que el deceso ocurriera el día de San Jorge de 1606. Y los editores celebraron en 1930 la primera fiesta de San Jorge.

La fiesta del libro, pensada para elevar la conciencia patriótica de la España de Primo de Rivera, setenta años después se ha convertido en Cataluña en una enraizada costumbre y en una ocasión para regalar libros.

Los años han hecho remarcar la diferencia que se observa en el día del libro en Barcelona y en Madrid. En Madrid, ya en 1932 se había intentado celebrar la “Feria del Libro de Madrid”, con una duración de dos días, con unas casetas de venta situadas en el paseo de Recoletos (más adelante se trasladaría a la zona del parque del Retiro y después de la guerra civil proliferaron por diferentes ciudades españolas).

En Barcelona la coincidencia de la fiesta del libro con la festividad de San Jorge dio desde su inicio un carácter popular a la celebración. La fiesta del patrón de Cataluña y la feria de rosas que la conmemora, tienen un nuevo atractivo literario. Las calles tienen un aire festivo y raro es encontrar a alguien que no lleve en la mano la rosa y el libro.

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