Dear Oscar 4

Dear Oscar:

Como buscador infatigable de la Belleza y el Arte, debiste encontrar la forma de seducir al público, y para ello tenías que invocar a la inspiración, esa esquiva musa que ilumina a los artistas. Pero ¿qué es la inspiración? ¿Cuándo y por qué estamos inspirados? Creo que hay tantas respuestas a estas preguntas como pintores, escultores, literatos o músicos, pues cada cual la siente a su manera.

No puedo sustraerme a la parte racionalista que domina mi cerebro y por eso opino que la inspiración es técnica, trabajo y equilibrio, aunque no por eso desprestigio al artista loco que fabrica locuras geniales.

Supongo que al artista, como persona que es, no deja de influirle el ambiente que le rodea, porque sería estúpido pensar que la inspiración depende exclusivamente de nosotros, la voluntad no es tan poderosa, mal que nos pese.

Sí, dear, la inspiración sigue siendo indefinible, tan indefinible como el Arte.

En esta época que me ha tocado vivir, el arte se ha prostituido, ya nadie persigue el Arte por el Arte (una de tus máximas aspiraciones). Hoy el mundo del arte está manejado por comerciantes, y todo lo que se vende y genera dinero, vale. Por eso nos encontramos con obras deleznables, con desaciertos estéticos, que encomiados debidamente por hábiles manipuladores al servicio del mercader de turno, adquieren la inmerecida categoría de Arte.

Mas a mí no me engañan, dear. No me dejo influir. El Arte no se explica, por eso no me sirven las valoraciones teoréticas ni las adulaciones: me conmueve o no me conmueve. Éste es el rasero particular con el que mido el Arte. Y es que todo aquello que resulta inspirado posee una contundencia rotunda contra la que no se puede argüir cerebralmente. Tus obras, por ejemplo, son muestra de ello.

Hasta pronto, dear.

María

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