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Mostrando entradas de agosto, 2005

Treinta preceptos para usar un libro

En 1909, Harold Klett publicó en The Library Journal de Nueva York un artículo titulado “Don’t”, en el que se recogían 30 preceptos (mejor dicho, prohibiciones) relacionados con los libros.

Son los siguientes:

1.- No leer en la cama.
2.- No poner notas marginales, a menos que sea un Coleridge.
3.- No doblar las puntas de las hojas.
4.- No cortar con negligencia los libros nuevos.
5.- No garabatear vuestro interesante y precioso autógrafo en las páginas del título.
6.- No poner en un volumen de un peso, una encuadernación de cien pesos.
7.- No mojar la punta de los dedos para dar más fácilmente la vuelta a las hojas.
8.- No leer comiendo.
9.- No fiar los libros preciosos a malos encuadernadores.
10.- No dejar caer sobre el libro las cenizas del cigarro, y aún mejor no fumar leyendo. Esto perjudica la vista.
11.- No arrancar de los libros los grabados antiguos.
12.- No colocar vuestros libros sobre el borde exterior o canal, como se hace frecuentemente cuando se lee y se interrumpe momentáneamente l…

Escher: la geometría hecha arte

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“Si supieseis lo que he visto en la oscuridad de la noche... En ocasiones casi me he vuelto loco por culpa de la aflicción que me causa el no poder reproducir lo que veo. En este sentido, cualquier dibujo es un fracaso, ya que no me permite entrever ni tan solo una fracción de lo que pretendía haber descrito”.



Mauritis Cornelius Escher nació Leeuwarden, Holanda, en el año 1898. Estudio en la Escuela de Arquitectura y Diseño Ornamental de Haarlem y viajó por diversos países de Europa, entre ellos Italia, Suiza, Bélgica, Francia, España... Aquí, en una visita a la Alhambra, encontró una de sus mayores fuentes de inspiración, analizó con detenimiento las formas de los mosaicos e hizo un descubrimiento fundamental: la partición periódica de la superficie. De esta manera, formas estrictamente matemáticas se convierten en formas reconocibles del mundo vegetal, animal y humano. Comenzó a construir un universo propio, caracterizado por la geometrización de las formas y de los espacios y su obr…

Hemingway, muy personal

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Para la mayor parte de los estadounidenses de los años 50, Ernest Hemingway fue el hombre que encarnaba con su vida y con su obra la “auténtica virilidad”. Sus libros de acción y su vida (boxeo, caza, pesca, bebida, la búsqueda permanente de actividades viriles) fueron dos maneras de ilustrar la masculinidad norteamericana.

Consagrando su vida y su trabajo a la leyenda de su propia virilidad “papá” Hemingway, tal como le gustaba que le llamaran desde los veintisiete años, también supo, sin embargo, mostrar su lado trágico. Su depresión crónica, el insomnio, sus complejos de inferioridad, unos celos feroces, su competitividad brutal, la perversa humillación de los amigos... son constantemente visibles al ojo del observador. Cada vez más, la masculinidad “pura” adquiere en él la forma de una auténtica paranoia, de la autodestrucción y del miedo a la muerte, que culminaron en una terrible depresión nerviosa y en el suicidio.
Su biógrafo, Kenneth Lynn, ha insistido mucho sobre el conflicto …