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Mostrando entradas de octubre, 2005

Hágase escritor postmoderno

Hágase escritor postmoderno siguiendo estos sencillos pasos:

No es imprescindible haber leído libro alguno, que sepa gramática y ortografía. Tampoco son necesarios estudios de ningún tipo. Agallas. Sólo se requieren agallas y una cara muy dura.

Lo suyo es la literatura pulp, el cadáver, el trampantojo, el collage, la no-literatura y cualquier expresión de nuevo cuño que ande en boca de críticos y publicistas. Todo esto para que no descubran su ignorancia a la hora de manejar las palabras o de vérselas con la página en blanco.

Busque un buen agente, alguna editorial de peso o conviértase en un chupamedios descarado de esos que salen en los papeles a diario. Es que no falla.

Cada vez que lo entrevisten hable como un semiólogo. O sea, con un lenguaje enrevesado y con una terminología rebuscada.

En materia artística todo es aprovechable: escribir sobre el parto de su perra pequinesa, dedicarle una rima a sus almorranas o desarrollar un ensayo sobre el chicle que se le ha enganchado en el zapat…

La libertad del artista

Hoy en día, los escritores que intentamos abrirnos camino en el difícil mundo editorial, vivimos consumidos por un infierno de inseguridades. ¿Qué está de moda? ¿Qué aprecia el editor? ¿Qué se vende?...
Hoy los escritores no somos libres de escribir una coma sin plantearnos éstas y otras cuestiones, al margen de la literatura, que nos tienen prisioneros del mercado y de unos jueces cuyo reglamento podemos infringir, pues no sabemos exactamente cuál es. Porque, ¿qué es la demanda?
Para satisfacer esa demanda enigmática, el escritor intenta ser creativo, hacer algo nuevo, transgresor, pero para inventar algo nuevo hay que renunciar a las reglas de la Retórica, la Estética... y caer en las garras de la efímera vanguardia.
La "demanda" no tiene claro qué demanda y el escritor tiene muy oscuro cómo satisfacerla. Hoy parece que todo esté inventado ya y sólo puedan hacerse variaciones de creaciones anteriores, por eso la gente busca novedades, sorpresas, y el escritor intenta dárselas…

Misoginia literaria

Nuestras antecesoras escritoras del siglo XIX tuvieron que hilar muy fino a la hora de dar a conocer sus obras sin tener que sacrificar o la feminidad o el talento.

A partir de las convulsiones sociales que tuvieron lugar en esa época, la mujer dejó de ser una personalidad oculta en la penumbra doméstica y se hizo visible en todos los campos, también en la literatura. Sólo que, para expresarse públicamente, las escritoras se toparon con la mujer que se les exigía ser y descubrieron la falta de concordancia con las mujeres que eran.

Rosalía de Castro lo explica muy bien:

De aquellas que cantan palomas y flores
todos dicen que tiene alma de mujer.
Pues yo que no las canto,
Virgen de la Paloma
¡ay! ¿de qué la tendré?


Escribir como mujer consistía, pues, en trasladar al papel las emociones "espontáneas" de esa mujer ideal, plegándose a las estructuras simbólicas que conformaban la identidad femenina de la época.

Y ¿cuáles eran los requisitos que debían cumplir las mujeres escritoras? Que…