Cómo criticar el libro de un amigo

Si alguna vez un amigo que escribe te presenta su obra para que le des tu opinión, guárdate de decir la verdad.

Lees la obra y tu opinión oscila entre magnífica y horrorosa, pasando por un no está mal. ¿Cómo salir del atolladero sin juzgar? ¿A santo de qué juzgar? Hay modos de quedar bien sin comprometerse y sin comprometer la amistad. ¿Cuáles? Recrear el texto. Dar cuenta de las imágenes suscitadas por tan estimulante lectura, seguir los vuelos de la fantasía del autor.

Para quedar bien conviene asociar al autor novel con algún insigne predecesor en la literatura y manifestar que se encuentra bajo la influencia de Neruda, de Baroja o de Ian Fleming, según sea el género. También cabe relacionar al neófito con algún autor recientemente descubierto y que casi nadie conozca, así, de paso, te apuntas un tanto al demostrar que sigues de cerca las novedades literarias y estás al día en cuanto a cultura se refiere.

Otro recurso es hacer un comentario que no tenga nada que ver con la obra, por ejemplo, desarrollar un ensayo sobre la escritura del Renacimiento, sobre los “Sonetos a la piedra” de Dionisio Ridruejo y el esplendor de la retórica falangista o sobre la intervención de las mujeres en la sociedad cultural de la posguerra española, luego, en la última frase de tu rollo erudito, enlazar al autor y decir algo bonito sobre él. Habrás demostrado que estás empapado en el tema y que transpiras cultura literaria por todos tus poros, además, el autor se queda satisfecho pues la perorata remató a favor suyo. Todos amigos y tan contentos.

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