Orwell en Aragón

El escritor británico George Orwell decidió viajar a España para cubrir como periodista el levantamiento armado contra la República que se produjo en julio de 1936. Sin embargo, las circunstancias le llevaron a enrolarse en las milicias del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Fue destinado a la Sierra de Alcubierre, en el frente de Aragón, los primeros días de enero de 1937, y durante tres semanas combatió en Monte Pucero y posteriormente en la posición de Monte Irazo, hasta el 16 de febrero. De aquel gélido invierno recuerda: "Una noche helada hice en mi diario una lista de las prendas que tenía puestas. Llevaba un chaleco grueso y pantalones, una camisa de franela, dos jerséis, una chaqueta de lana, otra de cuero, pantalones de pana, calcetines gruesos, polainas, botas, un pesado capote, una bufanda, guantes forrados y gorro de lana. No obstante, temblaba como una hoja".

“Estuve a punto de desmayarme cuando vi el trasto que me entregaron. Era un máuser alemán fechado en 1896; ¡tenía más de 40 años! Estaba oxidado, tenía la guarnición de madera rajada, el cerrojo trabado y el cañón corroído e inutilizable”, cuenta el autor de Rebelión en la granja. Cuatro meses más tarde se le traslada a la ofensiva republicana sobre Huesca, allí resulta gravemente herido de un disparo en la garganta y luego participa en los sucesos de mayo en Barcelona, donde los comunistas estalinistas habían provocado una guerra civil interna aplastando al POUM.

En 1938, Orwell escribe Homenaje a Cataluña, un relato de sus experiencias en la guerra civil española. En esta obra plasma sus apuntes de miliciano en el frente de Aragón y describe anécdotas como su azarosa llegada a las trincheras de Alcubierre, tras varias horas en las que su grupo vagó perdido entre la niebla sobre una camioneta. Sus impresiones sobre los españoles: “Los españoles son buenos para muchas cosas, pero no para hacer la guerra. Los extranjeros se sienten consternados por igual ante su ineficacia, sobre todo ante su enloquecedora impuntualidad... Pero prefiero ser extranjero en España y no en cualquier otro país ¡Qué fácil resulta hacer amigos en España!... Desafío a cualquiera a verse sumergido, como me ocurrió a mí, entre la clase obrera española y a no sentirse conmovido por su decencia esencial y, sobre todo, por su franqueza”. De su paso por Aragón dejó escrito: “Fue espantoso mientras duró, pero ahora constituye un buen sitio por el que pasear mi mente. En mi memoria los hechos se encuentran inseparablemente ligados al frío invernal, a los destrozados uniformes de los milicianos, a los ovalados rostros de los españoles, al sonido telegráfico de las ametralladoras, al olor a orines y pan podrido, al sabor metálico de los potajes de judías engullidos apresuradamente en escudillas vacías”. Y así describe la impresión que le causaron los míseros pueblos aragoneses: "Me parece que incluso en tiempos de paz no hubiese sido posible recorrer esta parte de España sin quedar impresionado por la peculiar y extremada miseria de los pueblos aragoneses. Son como fortalezas, un amontonamiento de endebles casuchas de barro y piedra apiñadas en torno a la iglesia, y ni siquiera en primavera es fácil ver una flor en aquellos alrededores. Las casas no tienen jardines, sólo corrales en la parte trasera, donde unas escuálidas gallinas patinan sobre una alfombra de estiércol de mula".

La estancia de Orwell en España concluye el 23 de junio de 1937, cuando consigue atravesar la frontera como un turista: "Empezamos como heroicos defensores de la democracia y terminamos saliendo a toda prisa por la frontera perseguidos por la policía jadeando a nuestros talones".

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