El autor de bets-sellers

Bets-seller: vocablo de origen estadounidense cuyo significado literal es “el mejor vendido”. Es una expresión que en la actualidad no se utiliza fuera del ámbito literario y que designa por sí misma a un género de literatura. Existen novelas históricas, románticas, eróticas, de aventuras, de viajes... y bets-sellers.

Si nos regimos por la cantidad de ventas para etiquetar de bets-seller a un libro, habría que meter en el mismo saco a autores como Tolstoi, Cervantes, Shakespeare, García Márquez, Ágata Christie, Barbara Carland, Tom Clancy, Harold Robbins o Umberto Eco. Pero ¿sería justo equiparar la calidad literaria de todos estos escritores basándonos en el índice de ventas de sus obras? No, no sería justo que todos los autores de un libro de éxito fueran englobados en la categoría de escritores de bets-sellers. Ya que esta definición no hace referencia exclusiva a las ventas sino que también alude a la propia génesis de la obra en cuestión.

Si definir una novela es difícil, definir un bets-seller es imposible. El objetivo de un bets-seller radica en contar una historia, pero con una serie de aditamentos recurrentes e imprescindibles. Es una especie de receta del pastel de la abuela, que debe contener en dosis perfectamente medidas los siguientes ingredientes: Intriga: mucha. Acción: abundante. Sexo: sin pasarse, el imprescindible para no apabullar al lector ni distraerlo de la trama. Ambición: sin medida, más vale que sobre que no que falte. Actualidad: sangrante. Poder: voraz. Dinero: a espuertas. Y escenario: exótico y lujoso. Mezclar hasta obtener una mezcla homogénea y con ayuda de una buena campaña publicitaria invadir el mercado.

El bets-seller es un fenómeno made in USA, que rápidamente se ha extendido por todo el mundo. Nadie ha leído Eugenia Grandet o Guerra y paz, pero ¿quién no conoce Jurasik Park o El resplandor? Las editoriales pagan fortunas por hacerse con los derechos del último bets-seller y movidas por un afán meramente crematístico relegan de los estantes de las librerías a Delibes o a Dickens y con ellos a una infinita legión de autores de reconocida y probada calidad. Pero lo más triste de todo es que el lector, oportunamente manipulado y mediatizado, compre estos gruesos volúmenes y rechace otros géneros, otro tipo de obras, ante la comodidad de una vasta, y a veces basta, novela que le entretenga durante todas sus vacaciones.

Las ventas de bets-sellers superan el 50% de lectores y, claro, las editoriales no quieren perder este filón. ¿Qué mérito tiene Mónica Lewinsky, a parte del que todos conocemos, para que sus memorias hayan alcanzado la nada desdeñable cifra de más de un millón de dólares?

Mientras la mayoría de autores españoles se considera afortunado vendiendo unos pocos miles de ejemplares de sus obras y otros nos conformamos con salir del anonimato, Grisham ha superado en ventas a la Biblia, y eso que fue escrita por Dios.
A tenor de los indicios, la calidad literaria no es algo que les quite el sueño a las editoriales y, por desgracia, ni siquiera a los autores. Todos se acogen al: tanto vendes, tanto vales. Pero ahí están los autores de bets-sellers, triunfando en las grandes superficies, librerías, quioscos y estanterías de comedores.

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