Leyendas

Aunque algunos autores consideran a Gustavo Adolfo Bécquer el mejor prosista del siglo XIX español, sus Leyendas habrían bastado para asegurarle un puesto de honor entre nuestros narradores románticos, la fama del poeta romántico se ha basado principalmente en sus Rimas.

Bécquer publicó la mayor parte de sus leyendas en la prensa, casi todas ellas en “El Contemporáneo”. En ellas explora muchos de los temas que le preocupan como poeta: el ideal inalcanzable, la insuficiencia del lenguaje, la imaginación creadora… y les añade un gusto por el relato fantástico, por el folclore y por la historia que enriquecen su mundo literario.

El escritor sevillano no inventa el género, desde luego. Se beneficia de la revalorización popular, depósito de la tradición y memoria de mundos perdidos que introdujo el Romanticismo, llevado por su gusto por lo misterioso y lo extraño. Pero Bécquer no se limita a cultivar unos relatos que empezaban a dar muestra de acartonamiento, de excesiva tramoya efectista y mediocre, y que tan cómicos iban a resultar a los escritores del realismo. En primer lugar, procura dar a sus leyendas un tono de verosimilitud que, paradójicamente, las hace aún más inquietantes; en segundo lugar, se esfuerza por eliminar cualquier elemento superfluo que pueda estorbar a la intensidad de la narración; por último, consigue insertar de tal manera lo maravilloso dentro de lo real que la conclusión no puede ser otra que la manifestación de una visión del mundo en la que lo fantástico no es una alternativa al aburrimiento y vulgaridad de lo cotidiano, sino una dimensión más de la misma realidad.

Lo que Bécquer busca es, sobre todo, la construcción de una atmósfera, y para ello se vale de mecanismos similares a los que conocemos en sus poemas: la ambigüedad, la sugerencia, la concisión verbal. Sin embargo, es cierto que su prosa es más preciosista, más rica en colores y matices que su poesía. En las Leyendas tienen una gran importancia las descripciones; Bécquer las aprovecha para introducir una serie de elementos fundamentales en su concepción del relato: el paisaje, de fuerte contenido simbólico y la sensibilidad lírica, el mundo de las sensaciones. Muchos de estos rasgos son los que le convierten en un precedente de la literatura modernista y de la poesía española más importante de la primera mitad del siglo XX.

Mi leyenda preferida es El beso. En esta narración, Bécquer expone una de las ideas características del Romanticismo: la realidad y el deseo son irreconciliables, pues aquello a lo que aspiramos es un ideal inalcanzable. El protagonista becqueriano es, en este caso, un joven capitán francés que se aloja con su tropa en la iglesia de un desmantelado convento toledano, allí hay una mujer que le seduce y le enardece: la estatua de doña Elvira de Castañeda hace de él un hombre enamorado y rendido ante una beldad marmórea. Tal vez desengañado del amor real reniega de éste y prefiere a esa escultura que despierta sus deseos y he hace proferir: “!Carne y hueso!... !Miseria, podredumbre!..., -exclamó el capitán-. Yo he sentido en orgía arder mis labios y mi cabeza; yo he sentido este fuego que corre por las venas hirvientes como la lava de un volcán, cuyos vapores caliginosos turban y trastornan el cerebro y hacen ver visiones extrañas. Entonces el beso de esas mujeres materiales me quemaba como un hierro candente, y las apartaba de mi con disgusto, con horror, hasta con asco; porque entonces, como ahora, necesitaba un soplo de brisa del mar para mi mente calurosa, beber hielo y besar nieve..., nieve teñida de suave luz, nieve coloreada por un dorado rayo de sol..., una mujer blanca, hermosa y fría, como esa mujer de piedra que parece incitarme con su fantástica hermosura, que parece que oscila al compás de la llama, y me provoca entreabriendo sus labios y ofreciéndome un tesoro de amor… ¡Oh!..., sí…, un beso..., sólo un beso tuyo podrá calmar el ardor que me consume”. El ideal de mujer es una mujer que no existe y que, por tanto, no puede herirle.

Esta leyenda plantea la tensión irresoluble entre la realidad y el deseo, al igual que su personaje, Bécquer vivía en su espíritu esta lucha desgarradora. Perseguía el amor, un amor superlativo, un alma hermana de la suya que sólo habita en su imaginación.

Comentarios

  1. Tus reflexiones sobre su obra me hacen descubrir una (para mí) nueva forma de mirar a Becquer.

    :)

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  2. Eudald Vilar18 noviembre, 2006

    También es una de mis leyendas favoritas. El clímax que consigue Bécquer al describir la tensión que produce en el ánimo del protagonista la belleza marmórea de aquella mujer traslada al lector junto a doña Elvira de Castañeda, casi es posible verla, rozarla, casi nos salpica la sangre del capitán.

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  3. Hola, permitame felicitarle por su blog. Lo encuentro realmente muy interesante y pienso visitarlo mas seguido. Me gustaria poder conversar con usted.

    Saludos. Un gusto el haber pasado por aqui.

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  4. Bécquer siempre ha sido uno de mis escritores favoritos, de los narradores españoles que mejor han tratado la fantasía, y como bien explicas le daba aire de real con lo cual mejor. En fin me gusta kla literatura y me gusta leer flogs como el tuyo. Pásate por el mío.

    www.actua-ya.blogspot.com

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  5. si xro yo kiero las rimas!!!!!!!!!!!!!!!!!!!bs pa las cañameranas!!

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