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Mostrando entradas de diciembre, 2006

Resurrección

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I Todo espanto tiene su umbral de tolerancia, hasta que se vuelve insoportable. Gira la vida entre miedo y silencio, como si no pudiera ser de otro modo. Hasta que reparas en ello y todo encaja, se hace evidencia con una lógica que hasta ese momento permanecía escondida, y los demás se aterran de tragedia. La cruda miseria humana, la sanguinaria faz de la locura, la desgracia de una vida y los desgraciados renglones que supuran gusanos.
II ¿Qué palabra le debo a mi padre en su cobardía de hombre? Algún día tendré que dar fe de que él ha sido mi dador, el veneno líquido de mi fuego.
III Los ojos fijos en los del otro, sin lágrimas ni sollozos, sólo el libérrimo fluir de la emoción seca y árida, como si quisiera hacerse perdonar los errores y torpezas, toda esa trenza de infamias perpetradas, al fin y al cabo, contra sí mismo. El pasado, ahora sí, finiquitado, sin pena ni rencor, pues ya de nada sirve desde hace tiempo. Y ese anciano que me mira con emoción contenida y orgullosa, con ese sen…

El padre de la poesía moderna

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Siempre hemos oído decir que la poesía moderna se inicia con Baudelaire. Se trata de una de esas afirmaciones que solemos aceptar sin más y que, luego, llegada la ocasión, repetimos sin mayores escrúpulos. No obstante, a medida que releemos a los poetas del siglo XIX y que nos informamos con minuciosidad sobre ellos, llega el momento en que no podemos afirmar, sin sentir cierto malestar, la torpe opinión que hace de Baudelaire el padre de la lírica moderna.

Todo depende, claro está, de lo que se entienda por estas dos palabras: “padre” y “moderna”. Respecto a la primera, muy pocos son los poetas posteriores a Baudelaire que no le reconozcan a éste el título de padre o fundador. Por supuesto, no falta quien evoca el nombre de Poe, así como su influencia en el poeta francés. Tampoco hay quien olvide citar a Lord Byron, recordando el hecho de que con este autor el poema se convierte en algo que es dicho por alguien que, a su vez, cuenta con la existencia del lector, el tercer elemento del…