Tierra soriana


La línea del horizonte corta el cielo inmenso.
Una chicharra tozuda ofrece su concierto.
Ni un pájaro osa alzar el vuelo
porque el sol cae a plomo sobre el polvo.

Tierra soriana de secano
salpicada de casas heridas de abandono,
con las vigas rotas y las tejas idas.
Campo, campo, campo.

Bueyes metálicos aran el firmamento
con supersónicos surcos blancos
y allí, a lo lejos, los tres álamos
son un oasis en el desierto.

A la hora de la siesta el sol deslumbra.
Muda y sola la tierra se cuartea.
El atardecer trae el sosiego,
es el momento del paseo,
de la charla con los vecinos.

En un intenso manto de negrura,
las estrellas se multiplican sobre la tierra ruda
mientras la vida transcurre a trompicones,
entre sueños sencillos y duras realidades.

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