Sancho Panza

De “El Quijote” me gusta Sancho Panza. Alonso Quijano no podía caminar solo por esos mundos de Dios y en su segunda salida le acompaña Sancho Panza, “un labrador vecino suyo, hombre de bien -si es que este título se puede dar al que es pobre-, pero de muy poca sal en la mollera”.

Sancho Panza no será siempre así, a lo largo de la novela evolucionará, no sólo porque el autor irá perfilando y matizando al personaje, sino porque se va contagiando de la locura de su amo. Sancho decide acompañar a don Quijote en calidad de escudero, aunque no sabe muy bien qué significa, y sobre todo, engatusado por la promesa de unas ganancias y botines que don Quijote obtendría en sus aventuras. A partir del capítulo 7 aparece en la obra la pareja inmortal y con ella sus diálogos constantes, divertidos y suculentos, los cuales nos permitirán conocer a los dos personajes y evidenciar el contraste entre el sueño caballeresco y la realidad tangible, la locura idealizadora y la sensatez elemental, la ingenuidad y la tozudez no exenta de picardía. Incluso las dos figuras se contrastan, una, alta y seca encima de un caballo viejo, la otra, pequeña y regordeta sobre un asno paticorto.

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