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Mostrando entradas de diciembre, 2007

Por qué escribo

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El escritor ¿nace o se hace? ¿Es un artista? ¿Es un bohemio? ¿Es un masoquista? ¿Los libros se escriben a mano o a máquina? Pero antes que nada: ¿por qué escribir?

En un proceso como éste, de gran complejidad humana, cabe una enorme diversidad de experiencias y los autores han dado a esta pregunta respuestas muy variadas, como: “porque constituye mi única posibilidad de existencia interior” (F. Kafka), “escribo para sobrevivir” (Unamuno), “para saber por qué escribo” (A. Moravia), “para investigar la ambigüedad” (A. Burgess), “para ordenar el caos” (A. Gala), “para vivir otras vidas” (R. Chacel), “para olvidar la realidad” (C. Martín Gaite), “para no hacer cosas peores” (M. Vargas Llosa), “para ganar dinero” (K. Follett)...
De entre todas las anteriores, yo me adhiero a la de Rosa Chacel, aunque, con un matiz, pues para mí es más importante el por que el para, el impulso que me mueve que la meta que alcanzo, ya que, básicamente, escribo por necesidad, porque no puedo evitarlo. Y la cons…

Escribir es sufrir

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“A menudo me pregunto por qué escribo. No es sólo para hacer obras bonitas o relatos entretenidos. Es una actividad que parece necesito para sobrevivir. Me siento fatal cuando no lo hago. No es que escribir me produzca un gran placer, pero si no lo hago es mucho peor”. Paul Auster.

“Para mí, escribir es menospreciarme; pero no puedo dejar de escribir. Escribir es como la droga que me repugna y que tomo, el vicio que menosprecio y en que vivo […]. Escribir, sí, es perderse, pero todos se pierden, porque todo es pérdida. Pero yo me pierdo sin alegría, no como el río en la desembocadura para la cual nació desconocido, sino como el lago que se forma en la playa por la marea alta, el agua del cual nunca más vuelve al mar”. Pessoa.

“¿Por qué escribo? Es mi lado masoquista, supongo”. Soyinka.

“Amo mi trabajo con un amor frenético y perverso, como ama el asceta el cilicio que le desgarra el vientre”. Flaubert.

“Cada mañana olvido qué escribí la víspera… a veces, cuando veo qué pasa en el mundo, m…

Pasión

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La vida sin pasión no es vida, es un estado de catalepsia cercano a la muerte, es la muerte misma.

El mundo está lleno de cadáveres, muertos putrefactos que hieden y contaminan el aire que respiramos los vivos.

Soy escritora, y mi universo son cuatro paredes con libros, papeles, plumas... Me gusta pensar que conmuevo almas, que bajo esa capa de palabras, mi obra trasciende, transmite, toca la fibra sensible de los otros.

Mi obra es malparida, deforme, imperfecta, porque la belleza nunca es perfección, ni rima, ni técnica, ni academicismo.

Estudié poesía creativa un día, el tiempo que me costó descubrir que no te enseñan a escribir, ni a sentir, ni a hacer arte.

El arte debe reflejar el alma del artista. Al leer un libro, se tiene que notar si el escritor estaba exultante, furioso, nostálgico, enamorado: ¡la pasión!

Soy individualista, no sigo normas, ni estilos, ni modas... Escribo, y mi obra es diferente según quién la mira. Cada lector destila conceptos, sensaciones e ideas en su propio a…

Camus

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En 1957, Albert Camus era galardonado con el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose así en el premiado más joven después de Kipling. Camus aprovechó la decisión de la Academia sueca para iluminar al mundo con un discurso que es una formidable lección de ética y con él provocó una conmoción. Hoy, cincuenta años después, el discurso que pronunció en Estocolmo se ha convertido en el paradigma del compromiso del escritor con su tiempo.
La misión del escritor, discurso pronunciado por Albert Camus en la recepción de Premio Nobel de Literatura

Al recibir la distinción con que vuestra libre academia ha querido honrarme, mi gratitud es tanto más profunda cuanto que mido hasta qué punto esa recompensa excede mis méritos personales.

Todo hombre, y con mayor razón todo artista, desea que se reconozca lo que él es o quiere ser. Yo también lo deseo. Pero al conocer vuestra decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy. ¿Cómo un hombre casi joven todavía rico sólo de…

Perfeccionismo obsesivo

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Cuentan de Pierre Bonnard, el gran pintor y artista gráfico francés y uno de los líderes del movimiento impresionista, que su perfeccionismo obsesivo le hacía burlar la vigilancia de los museos donde se exponían sus cuadros y pertrechado con una cajita de pinturas y unos pinceles, retocaba sus obras cuando no podía ser visto.

Sófocles se vanagloriaba de su esfuerzo creativo al afirmar que la composición de tres versos podía costarle hasta tres días de trabajo. A lo que Alcesto, un poeta joven que no llegó a triunfar, le replicó en cierta ocasión: “En ese tiempo yo he escrito trescientos”. La respuesta del dramaturgo fue digna de un genio: “Lo creo, pero los tuyos sólo durarán tres días, en tanto que los míos serán eternos”.

Enérgico, inflexible, dominante, intransigente, perfeccionista, autocrítico, exacto y enemigo tanto de la mediocridad como de la rutina son algunos de los calificativos con los que se define la personalidad de Toscanini, el mago de la batuta. Famoso por sus feroces d…