Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2008

Leer libros

Imagen
Por 165,95 € podemos adquirir Levo Book Holder, un atril para libros que permite leer tumbado en un sillón o en la cama, sin necesidad de sujetar el libro con las manos.

Siempre me ha gustado el contacto con los libros: tocarlos, olerlos, sentirlos… Habrá quien me entienda perfectamente y habrá quien piense que es una soplapollez. No sé quién, pero alguien dijo que el acto de leer es uno de los más egoístas y radicalmente personales e intransferibles que existen. La relación que se establece con el libro es única y cada uno se la plantea de manera diferente. Juan Ramón Jiménez, un tipo peculiar, antes de coger un libro se lavaba las manos tres o cuatro veces, la última vez usaba siempre colonia. Azorín leía cómodamente arrellanado en un sillón de orejas, de espaldas a la ventana, junto a una mesa camilla con brasero y con una manta cubriéndole las piernas.

Yo abro un libro y respiro su inconfundible aroma a tinta y a papel clorado. Acaricio las páginas y las tapas antes de recorrer las …

Insomnio

Imagen
Durante la madrugada, las palabras brotan como impulsos eléctricos. El insomnio es destructivo para el cuerpo, pero sumamente creativo. Sola. A las tantas. En guerra contra el papel. Seguro que los malvados no duermen nunca, dedican la noche a maquinar sus ignominias. Los escritores y el insomnio somos una combinación indisoluble.

Escribir es un dolor que libera el alma y eleva el espíritu. El escritor es un duelista en eterna liza con su pensamiento, porque, el muy cabrón, nunca se deja dominar. A veces, solo a veces, cambiaría de vida, porque la literatura es una forma de morir.

Esta madrugada amanece entre las contracciones rítmicas de las palabras que nacen. Los pájaros están despiertos. La ciudad bosteza. Una campana vierte su tañido en el silencio. El agotamiento vence a los ojos. En la vida de cualquier escritor hay una noche en vela, una madrugada de papel en blanco esperando teñirse de tinta.

El peor libro que he leído

Imagen
Antes de abrir el libro, que el diablo me guarde de mencionar el título y el nombre de su perpetrador, ya me desagradó. La portada es un alarde de mal gusto y peor diseño y la contracubierta causa asombro, por no decir irritación, con ese engañoso inventario que apoya la promoción del artefacto.

Dentro de las tapas, verdades de Perogrullo pintadas de trascendencia irrelevante. Culturismo crítico. Pretendida osadía en un producto pretendidamente moderno y transgresor. Increíble torpeza y falta de sensibilidad. Divagaciones y desvaríos de un intelectualoide mediocre, sin sostén ni orientación, sin solvencia narrativa ni originalidad. Un bodrio catedralicio.

Tocado por la divinidad para iluminar a los hombres con la clarividencia de sus ideas, así se ve el escribidor. Pero el lector debe realizar un enorme esfuerzo para no morirse de vergüenza ajena ante el patetismo del genio incomprendido y rebelde.

El autor, convencido de su grandeza literaria y de que su obra merece figurar en los estan…

Manos

Imagen
Unidas en actitud de plegaria se entrelazan. Hay una delicadeza magnética en esas manos retratadas con preciso trazo, una armonía impecable, una sencillez fruto de horas de estudio y depurada técnica. Proporción, exactitud y meticulosidad que transmiten sensaciones. No hacen falta pigmentos que engañen al ojo y distraigan la imaginación de la fuerza y la energía. Destaca la búsqueda de una perfección inalcanzable, porque el artesano, el artista, paciente observador, calca la realidad hasta en el más nimio detalle y presenta la perspectiva correcta, la proporción justa, la descripción geométrica. Durero mira la naturaleza con ojos de matemático, escudriña el rincón más insignificante y, llevado por el rigor intelectual, dibuja pasión sincera y estremecedora.