Manos



Unidas en actitud de plegaria se entrelazan. Hay una delicadeza magnética en esas manos retratadas con preciso trazo, una armonía impecable, una sencillez fruto de horas de estudio y depurada técnica. Proporción, exactitud y meticulosidad que transmiten sensaciones. No hacen falta pigmentos que engañen al ojo y distraigan la imaginación de la fuerza y la energía. Destaca la búsqueda de una perfección inalcanzable, porque el artesano, el artista, paciente observador, calca la realidad hasta en el más nimio detalle y presenta la perspectiva correcta, la proporción justa, la descripción geométrica. Durero mira la naturaleza con ojos de matemático, escudriña el rincón más insignificante y, llevado por el rigor intelectual, dibuja pasión sincera y estremecedora.

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