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Mostrando entradas de septiembre, 2008

La fórmula creativa de Beethoven

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Los escritores tenemos muchas dudas. Escribir es un proceso de operaciones combinatorias, de búsqueda del camino adecuado. ¿Cómo atinar? Beethoven escribió una fórmula que sirve para todas las actividades creativas: “Llevo mis ideas conmigo durante mucho tiempo antes de escribirlas. Cambio muchas cosas, otras las descarto, y ensayo una vez y otra hasta que estoy satisfecho, entonces comienzo a elaborar la obra en mi cabeza”.

Esta fórmula es bastante acertada. Producir ideas no es muy complicado, lo que de verdad cuesta es seleccionar la buena. De ahí que la tarea más complicada de un autor sea la de realizar una labor crítica destinada a construir omitiendo, corrigiendo, ensayando.

Ayudas para vivir

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Si algo caracteriza a nuestro tiempo es la proliferación de recetarios para una vida fácil. El desconcierto de la era postmoderna, el vértigo cibernético y la caída de dioses de cualquier pelaje es un buen caldo de cultivo para que quien más o quien menos eche mano de la socorrida obrita que ayuda a vivir o a afrontar cualquier otro menester, ya sea dejar de fumar, hacerse millonario, curarse de una depresión, decorar la casa con plantas carnívoras o llegar a ejecutivo siendo analfabeto.

Estos lenitivos del pensamiento y de los rigores de la vida tratan de encapsular en pastillas digeribles actitudes y reacciones. Son tantas las opciones ideológicas alternativas, es tan desasosegante el relativismo moral, que la llamada “literatura de autoayuda” se expande y ofrece muletas para caminar por cualquier lodazal sin problemas.

Estas obras utilizan imperativos y aforismos de pacotilla como reclamo moral y ante la fugacidad del pensamiento reflexivo y crítico. A fuerza de multiplicar sus tende…

Desvaríos 3

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Soñé que tus brazos eran de acero y podían protegerme, pero eran finas alambradas en lo alto de un muro. Soñé que mi corazón era inmune a la heroína de tus besos, pero seguía enganchado, mendigando el caballo de tus labios. Soñé que, de verdad, había otra vida. Pero no había vida sin ti.

El libro

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El libro entra en nuestras vidas de pequeños y lo hace casi como un elemento de tortura, hay que memorizar, realizar resúmenes y análisis gramaticales de su contenido.

El sistema educativo contribuye a hacer odiar la lectura en lugar de fomentar en el niño el deseo de leer, de entretenerse, de adquirir conocimiento.

Leer es un placer cuando uno escoge libremente los argumentos y el momento adecuado para entregarse a la lectura. Es un derecho leer los libros que uno decide, sin que prevalezca en la elección el criterio pedagógico o el comercial.

La inteligencia y la fantasía de un niño se desperdician en parte porque en la escuela se aprende a leer, pero no se fomenta la capacidad de pensar, de imaginar, de entender. El libro enseña estructuras lingüísticas, leyes físicas, datos científicos y aporta pocas satisfacciones emocionales, por eso no es de extrañar que una vez abandonada la etapa de formación académica, no se vuelva a tocar un libro.

El libro debería ser un juguete, un estímulo p…