Desvaríos 3

Soñé que tus brazos eran de acero y podían protegerme, pero eran finas alambradas en lo alto de un muro. Soñé que mi corazón era inmune a la heroína de tus besos, pero seguía enganchado, mendigando el caballo de tus labios. Soñé que, de verdad, había otra vida. Pero no había vida sin ti.

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