Miedo a la creación

Miedo a la creación. Miedo que aparece cuando ya nada puede evitar el trágico desenlace, la crisis, el pánico que produce sentirse inútil, o, lo que es todavía peor, mediocre.

Decía Truman Capote, aludiendo a las tremendas diferencias entre escribir bien y el arte verdadero, que cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo, y ese látigo es para autoflagelarse.

Cualquier creador enfrentado a la continua y temible tentación de asomarse a la pantalla –o al folio- en blanco, se expone a los demonios y a los complejos, a los miedos y a los problemas que aparecen a partir de esa necesidad inexplicable, imperiosa, audaz y maravillosa de plasmar algo que no está, que no existe: la creación absoluta. Y el vértigo que brota de ahí, de esa explosión de luz y temor, de dolor y fantasía para dar paso a una obra mediocre o sublime, dejará en el alma un vacío inmenso, inevitable y atroz.

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