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Mostrando entradas de diciembre, 2008

La columna

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Han quedado en una cafetería para verse. No son una pareja de enamorados, pero se quieren, se quieren con ese afecto que une a dos almas tocadas por la fatalidad, que han visitado idénticos infiernos. Ella llega primero, le busca y no le encuentra. Él entra, la busca y no la encuentra. Transcurren lentos los minutos. Ambos se preguntan: ¿sabrá que es aquí donde hemos quedado?, ¿le habrá surgido un imprevisto? Miran el reloj. El tiempo avanza. El otro no llega. Una hora ya. Qué raro, ¿no? Si conocieran el número de sus respectivos móviles podrían llamarse, pero ninguno de los dos ha caído en la cuenta de dárselo al otro. ¿Qué hago ahora? ¿Vendrá? Quizás no pueda. Los dos se levantan para marcharse. Han perdido la esperanza de encontrarse. Entonces, él la ve a ella. Entonces, ella repara en él. Una hora aguardando separados, solo porque una maldita columna se interpuso entre ambos.

Historias falsas

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Perlas de sabiduría impregnan nueve relatos, historias con un poso filosófico para narrar unas vidas que confluyen y se entremezclan hasta hacer inseparables ficción y realidad. La verdad y la mentira apuntalándose mutuamente como buenas aliadas en un experimento audaz en el que el juego del engaño seduce porque nos anima a plantearnos qué hay de cierto en esas vidas, cuánta falsedad se oculta en ellas. Todo es posible en este espectacular trampantojo, que Lao Tse revelara a un discípulo el modo de resucitarle o que Platón encargase la custodia de una comedia escrita por Homero a un anciano que puso la obra a buen recaudo bajo las aguas de un río. Todo resulta verosímil cuando el lector se convierte en cómplice y decide creer sin fe en la verdad escrita.
Historias falsas con personajes verdaderos. Hilos de realidad que tejen fantasías. Fantasía que hilvana realidades. Así es el libro de relatos que nos ofrece Gonçalo M. Tavares.
Platón, Diógenes, Tales de Mileto, Zenón, Anaxágoras, Lao …

El otro holocausto

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Todo empezó en 30 de enero de 1923, cuando Paul von Hindenburg, presidente de la República de Weimar, designó a Hitler como canciller.

El 4 de febrero, la Ley para la Protección del Pueblo Alemán y el Estado acogotó la libertad de prensa y marcó las pautas para confiscar cualquier material que fuera considerado peligroso. Un día después, las sedes de los partidos comunistas sufrieron salvajes ataques y se destruyeron sus bibliotecas. El día 27, el Reichstag (Parlamento alemán) ardió y junto a él todos sus archivos. El 28 se legitimaron medidas excepcionales: restricción de las libertades de reunión, prensa y opinión. Luego, los acontecimientos se precipitaron.

El 26 de marzo empezó la quema de libros y el día 8 de abril, Goebbels, ministro de Instrucción Pública y de Propaganda, envió una circular a las organizaciones estudiantiles nazis en la que se proponía la destrucción de las obras consideradas como peligrosas.

Pero todo empezó el 5 de mayo. Los estudiantes de la universidad de Colo…