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Mostrando entradas de enero, 2010

Wilde en España

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El 16 de octubre de 1854, nace en Dublín Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde. El genial escritor Oscar Wilde, el vituperado "Oscar", el fingido Sebastian Melmoth. ¿Qué se puede decir de él o de su obra que resulte novedoso? Cientos de autores y cientos de obras abordan la vida y milagros del dandi, del esteta, del homosexual, del preso, del exiliado o del poeta, pero hasta la fecha no se había realizado un estudio tan profundo y pormenorizado sobre la influencia de Wilde en la literatura española como el que se recoge en el ensayo de Sergio Constán: Wilde en España. Una obra escrita desde la admiración, porque a Wilde solo se le puede admirar o denostar, reacciones tan encontradas que únicamente provocan las raras avis que de tanto en tanto transitan por este valle de lágrimas en el que a Wilde le tocó llorar como al que más. Disculpen ustedes que me vaya del asunto: el ensayo Wilde en España, la admiración me escora a mí también hacia el hombre-personaje que triunfó en los …

Sobre el precipicio

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Sentada sobre el precipicio

Contemplando cómo las olas ponen a prueba la paciencia de las rocas raídas

La desnudez de la playa la convierte en un espacio blanco conmovedor

El sol mira desdeñoso desde lo alto del horizonte

Y yo aquí

En la soledad de esta altura cerca de las nubes

Tentada de lanzarme sobre esta colcha de espuma que se hace y se deshace

Esperando un alojamiento sobrecogedor y definitivo.

Mi deseo

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Siempre que me puse a escribir lo hice con voluntad de estilo, con el empeño de construir con una depuradísima técnica narrativa y un exquisito cuidado del lenguaje, con la esperanza de conseguir textos sublimes. Pero tengo la sensación de que mis ambiciones se tuercen y varían su rumbo hasta llegar a la isla de la mediocridad, algo que me hace sufrir mucho. Me siento frustrada, impotente ante ese juez que sentencia y condena, y luego asumo con naturalidad el fracaso. Acéptalo, me digo, no tienes casta de narrador, ni de poeta ni siquiera de infame escribidor. ¿Cómo podría transformar mis escritos en auténtica literatura? Cada aventura fascinante que emprendo me obliga a enfrentarme a mis miedos más profundos, porque ese tirano que llevo dentro me grita con claridad meridiana que uso las palabras de forma torticera, que le debo sumisión al lenguaje y que en mis obras ha de palpitar la emoción. ¿Será que mi amor por la literatura, como todas las historias de amor verdaderas, están aboc…