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Mostrando entradas de junio, 2011

Bolaño tiene calle en Girona

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El pasado día 18 de junio, la ciudad de Girona le dedicó una de sus calles al escritor chileno Roberto Bolaño Ávalos (Santiago de Chile, 1953 -Barcelona, 2003). Bolaño llegó a Girona en 1980 y residió en esta ciudad antes de instalarse definitivamente en Blanes, en 1986, cuando se casó con Carolina López. En el acto de inauguración de la calle se destacó la valía y la proyección literaria del escritor, que durante un tiempo fue colaborador semanal del periódico Diari de Girona, desde enero de 1999 hasta abril de 2000. Parte de este trabajo se recoge en el libro “Entre paréntesis”, publicado por la editorial Anagrama.

No es oro todo lo que reluce

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Esto de pertenecer al mundo de las letras, sobre todo en clase de periodistas, se figuran algunos literatos incipientes que es cosa lucrativa, fácil, ilustre y descansada. Hay ilusos que definen la profesión y sus consecuencias en esta forma: -se cogen unas cuartillas, una pluma, y una idea, aunque sea por los cabellos ésta última- y con estos tres ingredientes se produce un precipitado modernista, o de cualquiera otra tendencia –lo de la tendencia es muy esencial- y ya tenemos un artículo cuyo importe, desde siete cincuenta para arriba, puede cubrir los gastos de otro “artículo de primera necesidad”; aumentando la dosis de nuestra producción a medida de las necesidades cotidianas resolvemos el problema de la vida con impuesto de inquilinato, inclusive.
Luego se nos dará, por añadidura, un carnet de libre circulación para ferrocarriles, tranvías, coches de punto, bicicletas, automóviles y demás vehículos de pago incluso los vapores correos a las Antillas, un pase para teatros, salones,…

Bibliotecas

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Desde que apareció la imprenta, existieron bibliotecas privadas en las que, con el permiso de sus dueños, se podían consultar los libros. Luego se crearon las bibliotecas públicas, como la de Mazarino en París o la Ambrosiana en Milán. También las Reales, como las de París, Lisboa o Madrid, éstas finalmente se convirtieron en bibliotecas Nacionales. O las fundadas por los poderes públicos, como la Biblioteca del Congreso en Washington o el British Museum. Todas estaban destinadas a satisfacer las demandas de un público con una cultura superior.
Poco a poco, aumentó el número de personas que sabían leer, pero no disponían de capacidad económica para adquirir libros, para atender a estas nuevas necesidades surgieron las bibliotecas públicas o populares. Lo curioso es que no fueron demandadas por los potenciales lectores, sino que fueron los educadores quienes, deseosos de evitar la incongruencia de que los gobiernos estuvieran interesados en que las personas aprendieran a leer, pero no s…