Alas rotas

Revisar la vida desde lejos,
desde una atalaya remota,
y contemplar en perspectiva el pasado,
el rosario de días y penas,
de sueños por cumplir
y esperanzas hechas trizas.


Mirar en lontananza,
atisbar un cielo azul
donde hay nubes oscuras,
mentirse, engañarse
pensando que algo cambió
cuando todo sigue igual,
cuando solo el paisaje es diferente
y la gente que lo habita
se ha hecho extraña.


Y tú… tú sigues adelante
tropezando en esa piedra
con la que topas cada día,
sin acertar a vivir,
sin ensayar otras vidas,
temiendo caer en otro abismo,
habituado a la nada.


Respiras el aire y sueñas
que es posible, sí,
que la dicha nunca estuvo
más cerca ni más esquiva
y descubres, más bien confirmas,
que nada cambia si tú no cambias.
Si tu forma de mirar es la misma
lo que ves es idéntico.
Si haces lo que sabes,
no ensayas otros proyectos.


El miedo sigue ahí,
donde siempre estuvo,
dueño del reino porque
tú le has dado la llave,
el poder de rendirte.
No debería ser así, lo sabes,
pero el patrón se repite.


Tienes en las manos la capacidad, el humo.
Tienes en la cabeza
un sueño frustrado.
Tienes unas alas rotas.
No tienes nada en realidad.
Solo eres alguien muerto de miedo,
agazapado en la sombra
sin habituarse a la luz.


La mazmorra del miedo es segura
sus paredes son sólidas,
los barrotes rígidos,
la puerta infranqueable.
Salir o quedarse…,
parece una elección fácil,
pero cuando no quedan arrestos
nada es sencillo.


Las nubes pasan o se quedan
en el cielo azul o negro.
Tú pintas el cuadro.
Tú no haces nada.