De Celaya

Gabriel Celaya, gran poeta, vivió tantas fluctuaciones de ánimo, tantas dudas, que su vida resulta casi ejemplar: estuvo convencido de la inoperancia del yo y de la necesidad de proyectarse en los otros, creyó en la fuerza de la poesía para transformar el mundo y vivió la insignificancia del hombre en una profunda pesadilla existencialista.

El poema, resumen de su existencia, que escribió, resulta una muestra de clarividencia.




No cojas la cuchara con la mano izquierda.

No pongas los codos en la mesa.

Dobla bien la servilleta.

Eso, para empezar.

Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece.

¿Dónde está Tanganica? ¿Qué año nació Cervantes?

Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.

Eso, para seguir.

¿Le parece a usted correcto que un ingeniero haga versos?

La cultura es un adorno y el negocio es el es el negocio.

Si sigues con esa chica, te cerraremos las puertas.

Eso, para vivir.

No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.

No bebas. No fumes. No tosas. No respires.

¡Ay sí, no respirar! Dar el no a todos los nos.

Y descansar: Morir.

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