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Mostrando entradas de agosto, 2012

Sueños marchitos

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A veces tengo ganas de morir.
A veces no tengo ganas de vivir.
La esperanza de la muerte
hace que la vida sea más bella,
eterna bajo el peso de mármol de los días.
Hoy ya no queda nada de la luchadora que fui
cuando con el alma exhausta
vivía el fulgor de la libertad y de los sueños.
Llevar una existencia clandestina y sin arraigo,
transitar por territorios inhóspitos,
sobrevivir indemne y traicionada, incomunicada.
Escapar de la fatalidad
antes de caer fulminada
por esta realidad implacable y gris,
por sombras que yo misma tejí.
Vivo horas inmóviles,
un tiempo detenido
ante el inminente acto final.
Caerá el telón,
caeré con los ojos envenenados de fatiga.

El negro

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A los negros literarios, los anglosajones les llaman ghost writers (escritores fantasma), porque realizan su trabajo en la clandestinidad y no trasciende su nombre. Solo se conocen en contadas ocasiones, como es el caso de Jon Favreau, el joven autor de los brillantes discursos de Obama, que apareció en la portada de The Washington Post. Favreau se siente orgulloso de ejercer un oficio reconocido y bien remunerado.

Primavera

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Aunque nadie te busque ya, te busco.


Reencontrarse con un libro es hermoso. Mirarlo, echarle un vistazo, releer el título de sobra conocido, tomarlo entre las manos, olerlo incluso. Titubear al abrirlo ante el temor de destapar así el frasco de la esencia, el recuerdo de una infancia remota que vuelve al ver Primavera. No es fácil regresar al pasado y lo que ocurre es un milagro. La belleza de este libro se encuentra en mi mirada, que me muestra sus páginas y espera hacerme sentir emociones nuevas y revivir las que guardo en la memoria.

Muerta

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Tras el chequeo, el médico me dice: Está usted perfectamente.

¿Cómo es posible?, me sorprendo yo. Me encuentro fatal. El médico sonríe. Salgo de la consulta y me doy cuenta de que me he equivocado de especialista, tenía que haber ido al forense. Porque aunque esté aquí y dé la impresión de que sigo escribiendo, la verdad es que llevo varios meses muerta. Lo único que podría interesarme ahora es determinar las causas de mi muerte, pero deben ser tantas y la incidencia de cada una y la relación entre ellas debe ser tan complicada que resultaría demasiado farragoso formular una hipótesis medianamente rigurosa. Además, ¿tendría sentido este esfuerzo? Estoy muerta. O no. Porque leo. Escribo. Pago facturas. Estoy muerta. Nada me hace dudar.