Soy escritor/a. No trabajo gratis

Alejémonos del planteamiento romántico, filosófico y filológico y convengamos que un escritor es la persona que puso su vocación y su talento al servicio de un poema, una novela, un ensayo… y que, con independencia de los resultados, es autor de su obra. Como tal, tiene derechos sobre ella.
¿Cuáles son esos derechos?
Los que determine la ley de cada país y los que recoge la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Artículo 27, inciso 2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.

¿De qué clase son?
Morales y patrimoniales.
Un autor puede ser muy desprendido con su obra y no importarle en absoluto si alguien le cita sin mencionar la fuente. Pero quien cita así, vulnera un derecho moral.
En cuanto a los derechos patrimoniales, el autor puede cederlos a la editorial que publica su obra en las condiciones que se fijen en el contrato, también puede renunciar a ellos y regalarla para que otros obtengan beneficio económico de ella.
Pero ¿no es absurdo regalar los derechos de una obra? Permitir que otros la reproduzcan, la editen, la conviertan en un libro, la impriman, la copien, la difundan, la distribuyan, la vendan, la traduzcan a otro idioma o a otro formato: cine, videojuego…, sin percibir una compensación económica a cambio.

¿Trabajar gratis o sin contrato? Los contratos, siempre leoninos para el autor con el editor, estipulan las condiciones de edición y recogen derechos regulados por leyes para proteger a las partes contratantes.
Ahora, que cada uno decida.
 

 
Si mal estaba este oficio, la crisis que machaca en todos los sectores laborales ha agravado considerablemente la situación de los escritores.
Se nos piden colaboraciones gratuitas, se nos ofrecen cantidades ridículas (75 céntimos de euro) por varias páginas escritas, nos proponen editar sin un contrato que garantice nuestros derechos como trabajadores… También nuestros lectores se adueñan del trabajo que difundimos a través de internet, sin siquiera tomarse la molestia de enlazar o acreditar un texto.
Como trabajadores, carecemos de derechos, no existe un convenio colectivo que nos ampare, unas bases establecidas de remuneración, un reconocido periodo de vacaciones… Para acceder a la Seguridad Social, la mejor solución es darse de alta como autónomo, pero para ello es imprescindible haber publicado cinco libros por cuenta ajena en ediciones españolas, con tirada no inferior a 2.000 ejemplares, y percibir una cantidad no inferior a 900 euros en concepto de premios o derechos de autor (se sobreentiende que por cada libro). Los colaboradores de prensa deben justificar el alta con dos o más publicaciones. Al morir, los derechos de explotación de nuestra obra pasan a nuestros herederos durante 70 años, después pasan al dominio público y el Estado se queda con ellos.
Los escritores no pedimos la Luna, solo aspiramos a vivir de nuestro trabajo, como todo el mundo.
Por favor, enlaza o distribuye este texto. Gracias.

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