Adiós a la máquina de escribir

 
En 1714, un ingeniero de obras hidráulicas llamado Henry Mill presentó una patente para una "máquina para transcribir cartas", y así nació una máquina precursora de la máquina de escribir. La primera máquina de escribir reconocida como tal fue inventada en 1830 por William Burt, aunque su éxito comercial se desarrolló en la década de 1870, cuando Christopher Sholes y Carlos Glidden firmaron un acuerdo con la compañía Remington para producir industrialmente estos aparatos.
El 20 de noviembre, la compañía Brother fabricó la última máquina de escribir en el Reino Unido. Su fábrica de Wrexham, abrió en 1985 y hasta la fecha había producido 5,9 millones de máquinas. Esta última pieza se exhibirá en el Museo de la Ciencia de Londres, al que la empresa ha decidido regalar el ejemplar. "La máquina de escribir aún ocupa un lugar especial en los corazones de la gente. Por ello, y por su importancia histórica en el negocio de la comunicación, creímos que buscarle un hogar en el Museo de la Ciencia sería un tributo adecuado", explicaba Phil Jones, responsable de la filial británica de la empresa Brother. El museo ya cuenta con una colección de más de 200 máquinas de escribir y sus responsables están orgullosos de poder mostrar al público una tecnología que ha funcionado durante 130 años y ha permitido el desarrollo de profesiones como el periodismo o el trabajo de oficina, además de facilitar las comunicaciones o servir como instrumento de competición entre aficionados que pretendían ser los más rápidos dándole a la tecla.
Brother ha cesado la producción en el Reino Unido por la ausencia de demanda, pero seguirá fabricándolas en Asia para el mercado estadounidense, algunos abogados aún las utilizan. Una curiosidad: Mark Twain, fue el primer autor que presentó un manuscrito mecanografiado.

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