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Este es uno de los libros más emocionantes que he leído en mi vida.

Una obra maestra moderna.

Está tan bien escrito que me sentí transportado a la época en que tenían lugar estos acontecimientos.

R.J. Ellory es uno de los mejores autores hoy en día, su capacidad con el idioma inglés es impresionante.

Después de leer estos comentarios tan elogiosos, cualquiera se sentiría impulsado a comprar la novela A Quiet Belief in Angels (Overlook), a la que se refieren tales críticas. Lo que la mayoría ignoraba es que estas alabanzas no provenían de un reputado crítico literario o de un lector entusiasmado tras leer la obra, sino de R. J. Ellory, el propio autor del libro.

La polémica se ha desatado después de que el ganador del Premio Theakstons Old Peculier a la Mejor Novela Criminal de 2010, R.J. Ellory, haya sido descubierto escribiendo reseñas favorables de su trabajo en la página web de Amazon. Pero aquí no termina el asunto, por si fuera poco utilizar una herramienta pública para ensalzar su trabajo, Ellory, usando dos apodos diferentes, ha criticado de manera inmisericorde novelas como Dark Blood (Harper Collins), de su colega Stuart MacBride, a la que dedicó frases como “otra muestra más del desfile aparentemente interminable de novelas sobre investigaciones policiacas que parecen abundar en el Reino Unido”. Una crítica discutible, ya que varias novelas de Ellory pueden clasificarse con esta misma etiqueta.

La forma trapacera de Ellory para ocultar sus pasos demuestra que ha aprendido poco de los personajes de sus novelas: en algunos mensajes firmaba como Nicodemus Jones, en otros como Roger, su nombre de pila, y ha propiciado que Jeremy Duns, otro autor de novela policiaca, delatase a su colega en Twitter. Al verse pillado in fraganti, Ellory no ha tenido otro remedio que pedir perdón por su comportamiento y admitir su responsabilidad sobre las críticas en el rotativo inglés The Daily Mail: “me arrepiento sin ninguna clase de reserva de la falta de juicio que ha provocado que estas opiniones personales sean difundidas por estos medios y me gustaría disculparme ante los autores y la comunidad de lectores”. Una explicación poco satisfactoria, pues alabar el trabajo propio de manera anónima poco tiene que ver con la opinión personal.

Peor aún resulta criticar de manera interesada el trabajo de los demás, ya que en multitud de ocasiones la competencia no tiene por qué ser necesariamente negativa. Así lo manifiesta la Asociación de Escritores de Novelas de Crimen (Crime Writers’ Association), a la que pertenece el autor, en una nota destinada a los medios: “Como otros en el medio editorial, somos conscientes de la práctica de autores que asumen personalidades falsas en blogs, Twitter o Amazon para promocionar su propio trabajo y, en algunos casos, escribir reseñas negativas sobre la obra de los demás”, señala el comunicado. “Consideramos que es una práctica injusta tanto para los propios autores como para los lectores. Aún no sabemos lo extendida que puede estar esta praxis. Sin embargo, tomaremos las medidas necesarias para crear un código ético entre nuestros miembros”.

Hace poco, se publicaba en The New York Times la historia de un servicio de compra de críticas por Internet liderado por Todd Rutherford. El encargado de GettingBookReviews.com señalaba que llegó a ganar 28.000 dólares al mes en poco tiempo. Rutherford no es un crítico profesional, sino un mero lector que ha conseguido labrar su reputación a través de los años y de nada menos que 4.531 reseñas. Su credibilidad puede verse afectada al conocerse esta relación comercial.

El mundo editorial se ha pronunciado en contra de estas prácticas anónimas y se ha querido desmarcar de ellas calificándolas de vergonzosas y muy localizadas. Una de las soluciones que Jeremy Duns sugiere al respecto es vincular las cuentas de páginas como Amazon a la de Facebook, de manera que únicamente se puedan publicar reseñas bajo un nombre propio.


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