Sartre y el Nobel



En 1964 Jean-Paul Sartre rechazó el Premio Nobel de Literatura porque no deseaba ser “institucionalizado por el Oeste o por el Este”. “No es lo mismo si firmo Jean-Paul Sartre que si firmo Jean-Paul Sartre, Premio Nobel”, dijo. El escándalo que se montó fue importante y al autor le llovieron los insultos; le llamaron hiena dactilográfica y delincuente del espíritu, le describieron como un “pequeño hombrecillo de los ojos desviados que parece saberlo todo” y le acusaron de ejercer el excrementalismo sartreano. Recibió centenares de cartas de personas que lo animaban a aceptar el premio y luego donar el dinero. La prensa rosa también opinó sobre el asunto: si Sartre rechazaba el Nobel era para evitar los celos de Simone de Beauvoir, su pareja sentimental.
Sartre escribió: “Rechazo 26 millones (de francos) y me lo reprochan, pero al mismo tiempo me explican que mis libros se venderán más porque la gente se preguntará: ¿Quién es este inconsciente que escupe sobre semejante suma? Mi gesto va a reportarme dinero. Es absurdo pero no puedo hacer nada. La paradoja es que rechazando el premio no he hecho nada. Aceptándolo hubiera hecho algo, me habría dejado recuperar por el sistema”.
La Academia sueca sorteó el lance con una diplomacia británica: “El laureado nos informa que él no desea recibir este premio, pero el hecho de que él lo haya rechazado no altera en nada la validez de la concesión”. A su pesar, Sartre sigue figurando entre los galardonados.

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