Composición escrita surrealista o primer y último chorro

Teléfono langosta, de Salvador Dalí, 1936
Instalado en un lugar propicio a la concentración, disponga de lo necesario para poder escribir. Deje que el estado de su mente sea todo lo pasivo y receptivo que pueda ser. Olvídese de su propio genio, de su propio talento, y del de todas las personas.  Convénzase que la literatura es uno de los caminos más trillados que conducen a todas partes. Escriba deprisa, sin tema preconcebido, lo bastante deprisa como para no detenerse y no tener la tentación de leer lo escrito. La primera frase llegará sola, pues es cosa cierta que en cada segundo que pasa hay una frase, ajena a nuestro pensamiento consciente, que puede salir. Resulta difícil sopesar la naturaleza de la segunda frase: sin duda parece participar también de lo consciente, si consideramos que el haber escrito la primera condiciona en algo nuestra percepción. Pero poco ha de importarnos: en eso radica, en gran medida, el interés del juego surrealista. Bien es cierto que, aunque parezca tan necesaria como la distribución de nudos en una cuerda vibrante, la puntuación traba la continuidad absoluta del fluir. Pero siga escribiendo cuanto le plazca. Confíe en la naturaleza inagotable del murmullo. Si el silencio amenaza con imponerse, porque ha cometido usted un error, un error fruto de la inatención, renuncie sin la menor vacilación a terminar la frase demasiado definida. Tras una palabra de cuyo origen sospeche, ponga una letra cualquiera, la l por ejemplo, siempre la l; así, imponiendo esta inicial a la palabra siguiente, lo arbitrario volverá a fluir.
 
*Fragmento de ¿Qué es el surrealismo? Conferencia pronunciada en Bruselas por André Breton el día 1 de junio de 1934 en convocatoria pública organizada por los surrealistas belgas.

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