Manuscrito Voynich


En 1912, los jesuitas de Villa Mondragone, un colegio de la Compañía de Jesús cerca de Roma, se encontraban en una situación económica crítica y no les quedó otro remedio que poner a la venta su biblioteca. Contactaron con el coleccionista y bibliófilo polaco Wilfrid Voynich, que les compró 30 manuscritos, entre ellos había uno del que todavía no ha logrado descifrarse una sola palabra. Este peculiar manuscrito sobre pergamino, conocido como Voynich, data del siglo XV y consta de 240 páginas escritas e ilustradas con pluma de ave. La escritura discurre de izquierda a derecha y no contiene ninguna tachadura. Al idioma utilizado se le denomina voynichés y aunque al principio se pensó que podría ser una lengua inventada, algunos estudios dan por buena la teoría de que podría haberse empleado en la redacción del texto una lengua europea o varias combinadas. Lo que sí se aprecia con más claridad es la mano de dos escribanos, dos caligrafías. La obra puede ser un tratado de ciencia. Los dibujos admiten su clasificación en diversos apartados: herbario, con dibujos de plantas; astrología, con imágenes de los signos zodiacales y mujeres desnudas que sostienen estrellas; biología; cosmología; farmacia y alquimia.

El primer propietario del manuscrito fue el emperador Rodolfo II de Bohemia, hombre aficionado a las ciencias ocultas, pagó por él 600 ducados de oro. Lo heredó su farmacéutico, Jacobus Sinapius, que inventó una panacea con la que se hizo rico. En la actualidad, el manuscrito Voynich se guarda desde 1969 en la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale.
Son muchos los estudiosos que han dedicado su esfuerzo a la traducción del manuscrito. William Newbold, condecorado por descifrar mensajes de los espías alemanes durante la Primera Guerra Mundial, llegó a perder la noción de la realidad analizando el libro y murió loco. William Friedman, a quien se considera el mejor criptógrafo de la era moderna, fue capaz de leer el Código Púrpura que protegía los mensajes navales japoneses en la Segunda Guerra Mundial, pero no pudo con el manuscrito Voynich. Ni siquiera con la potencia de los ordenadores modernos se ha encontrado significado al texto.
La Agencia Nacional de Seguridad estadounidense ha intentado descifrar el libro durante treinta años sin lograr desentrañar sus misterios. Incluso se ha llegado a decir que el manuscrito Voynich es una tomadura de pelo, un fraude. Últimamente, la Universidad de Mánchester (Reino Unido) apuesta por que sea una lengua auténtica que contiene mensajes cifrados.
 

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