Autocompasión

La excitación me había dejado en vela. El cuarto me brindaba su oscuridad para construir un mundo, otro mundo, mi mundo.
En ese espacio negro forjaba planes. Ideas que se enfrentaban o se unían a otras para adquirir cuerpo y peso. Imágenes del pasado sostenían a otras inventadas que aún estaban por llegar. Sentía la fuerza electrizante de un plan que me contagiaba energía y ganas de vivir. Todo era posible si me atrevía. La realidad monótona y sin sentido desaparecerá. Tendré una meta, mis pasos perseguirán un destino. Ahora doy vueltas en círculos concéntricos y viciosos que no llevan a ninguna parte. Luego el viaje será más fácil, habrá una ilusión alimentando el camino. Puedo. Sé que puedo. Soy capaz. Soy capaz de cualquier logro. Si me empeño… Si lucho… Si trabajo…
La negrura se ilumina de cálida luz. El universo nuevo me atrae. Es tan seductor. Rozo mi sueño con la punta de los dedos. Sí, está ahí, a mi alcance, donde siempre ha estado. Ya no hay miedo al cambio. Se ha disipado el temor a lo desconocido. Mañana, mañana es el día. Y logro dormirme antes del alba, envuelta en éxito, feliz, esperanzada.
Abro los ojos, el sueño se ha llevado las ansias de cambio, me ha robado las ganas de innovar, de arriesgarme. Ahora estoy cuerda o más loca. No sé bien. Del torbellino de luces no queda ni rastro. Solo hay un miedo atroz a sobrepasar el límite de lo conocido. Me he despertado mediocre de nuevo.

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