Cuentos a oscuras

La oscuridad puede ser una protección frente a las peligrosas consecuencias de un cuento. Entre los indios norteamericanos estuvo prohibido contar historias antes del anochecer, bajo amenaza de riesgos meteorológicos. Varios pueblos de África pensaban que contar durante el día supondría la caída de las nubes o de objetos del cielo sobre la cabeza del narrador o de sus familiares. Los ancianos irlandeses creían que traía mala suerte. En Nueva Guinea el castigo temido era la muerte del narrador, electrocutado por un rayo. Y en alguna tribu de Alaska se podía contar durante el día, pero solamente a oscuras.

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