Demonios

La vida de todo escritor tiene un lado oscuro, un territorio oculto donde entierra sus secretos: amores frustrados, tragedias personales, traumas no superados, conflictos familiares… Sí, porque los conflictos con la madre, el padre u otros miembros de la familia influyen en la decisión de alguien a la hora de convertirse en escritor.
Samuel Beckett mantuvo una relación muy conflictiva con su madre, May Roe, algo que le obligó a acudir a dos psicoanalistas a los que llegaba a visitar hasta tres veces por semana. El Nobel irlandés escribió en una carta: “con un dolor específico acudí a Geoffrey, y luego a Bion, para averiguar ‘el temor y el dolor específicos’, los síntomas menos importantes de una enfermedad que se inició en una época que no podía recordar, en mi ‘prehistoria’. Beckett sabe dónde está el origen de todo y lo plasma en otra carta de 1937, cuando tenía 31 años, cuando su madre lo dejó solo en la casa familiar: “Y no podría desearle nada mejor que la posibilidad de sentir lo mismo cuando no estoy. (…) soy lo que su amor salvaje ha hecho de mí, y está bien que uno de los dos lo acepte por fin. (…) Sencillamente no quiero verla ni escribirle ni saber de ella”.
Aunque el ejemplo por antonomasia de conflictos familiares es el de la familia Mann. Un ecosistema muy particular: El padre, Thomas, poderoso en el hogar y admirado fuera, con un secreto inspirador para su obra: su homosexualidad. La madre, Katia, que quiere controlarlo todo, pero se halla bajo la sombra del marido. La hija mayor, Erika, favorita del padre, escritora, homosexual, y quien veló por él sus últimos años. El segundo hijo, Klaus, el favorito de mamá y quien despertó en el padre una atracción sexual, se hizo escritor con obras clave como Mephisto, aunque sin llegar a eclipsar al padre, de quien se decía que tuvo relaciones con su hermana Erika, y que al final se suicidó. Luego están Golo (homosexual), Monika y Michael, que también se suicidó. Son solo hebras de luz en una familia de miembros muy talentosos, pero con graves traumas, por eso, citando un pasaje de Muerte en Venecia, de Thomas Mann: “Es, sin duda, positivo que el mundo solo conozca la obra bella y no sus orígenes”.
Los escritores, en el fondo, quieren que se sepa todo, quieren dar luz a las semillas que le forjan como autor, con sus diversas sombras, demonios y traumas. Los secretos más oscuros y preciados son tesoros que esconden sus fulgores en las noches de gloria, los verdaderos motivos de los escritores. “La imaginación es más grande que la familia y el mundo, porque los genios ven lo que los demás no vemos”.

Comentarios