Libros para devorar

Existen libros indigestos, libros que se nos atragantan, libros que se devoran con avidez, libros deliciosos… Como los que salen del horno de una cocina, en vez de salir de la rotativa de una imprenta.
En 2005, Firo Vázquez se hizo famoso con su versión de El Quijote, impreso con tinta de calamar sobre un papel de cereales. Las ilustraciones escogidas fueron las de Gustavo Doré y estaban realizadas con pinceladas de almendra dulce y miel. Dos años después, el chef del restaurante El Olivar, en Moratalla, Murcia, ofreció en la inauguración de la sede del Instituto Cervantes en Pekín una conferencia titulada: ¿A qué sabe el Quijote? El acto concluyó con la degustación de unas páginas elaboradas a base de finas láminas de cereal (trigo y arroz) ligeramente horneadas y pintadas con tinta de calamar. También ha hecho versiones comestibles de otras obras literarias: Corteza Cortázar en Rayuela, la novela del escritor argentino tiene una portada hecha en papel de arroz y se sirve con una anchoa del Cantábrico, pimiento de piquillo asado y alioli de albahaca, o Libro Rojo con Gambas al ajillo, plato que se inspira en el Libro Rojo de Mao y cuyo protagonista es la gamba.
Nunos Pastelería, en la calle Narváez, 63, Madrid, funde sus dos pasiones: la pastelería y la lectura. De esta fusión nace una colección de confituras literarias elaboradas artesanalmente. En Nunos Pastelería se hornean tartas-libro con letras manuscritas, bombones literarios y hasta una Biblioteca Cremosa, pequeños bocados de hojaldre y crema con forma de libro organizados por géneros literarios: el policial y la novela negra están elaborados con  chocolate Goson Noir; rosa, para los más románticos, con sabores de fresa y menta; verdes, para los más comprometidos con la naturaleza, de sabor pistacho; amarillos, de limón y jengibre para los que disfrutan con las aventuras; el blanco sabor vainilla para los que les gusta viajar o azules, con sabor a violeta para los clásicos.

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