Natalie Clifford Barney, la versión femenina de Oscar Wilde

Natalie Clifford Barney, una riquísima norteamericana de Ohio, cuyo padre residía en Washington y era presidente de la Barney Railroad Car Foundry, contaba con escaso talento literario, pero se sirvió de él para tratar temas lésbicos. Pierre Louÿs corrigió el primer libro que editó: Cinco diálogos griegos breves. En su obra, Cartas a una desconocida, narra sus relaciones lésbicas con Liane de Pougy, y su vínculo amoroso con Renée Vivien, que comenzó en 1901, le inspiró Recuerdo (1910), la autora la calificaba de novela, aunque en la trama no ocurriera nada, se trataba de reminiscencias enlazadas en las que recuerda las noches rojas, los días amarillos, las noches azules, las noches místicas… En Esparcimientos (1910) manifiesta un espíritu espontáneamente sarcástico, los aforismos que reúne parecen desafíos a la sociedad: “Solo yo consigo hacerme sonrojar”, “Se quiere con amor a aquellos que no se puede amar de otra manera”, “La vida más bella es la que se invierte en crearse a sí mismo, no en procrear”, “Todas las noches sueño que me engañas; pero la última noche tuve por fin un sueño feliz: te matabas por mí”.
Autora también de Pensamientos de una amazona, un libro de máximas, Natalie Clifford Barney reunió una serie de retratos literarios en Aventuras del espíritu (1929), en ellos nos muestra a Colette coloradota como Alejandro Dumas padre, “rechoncha… sostenida por piernas de atleta”, a Gertrude Stein la compara con una “pagoda viviente que deambula por el Barrio Latino”.
Natalie Clifford Barney aspiraba a ser la versión femenina de Oscar Wilde, copió incluso su indumentaria desde 1926 y sedujo a la sobrina del autor, Dolly Wilde. Tuvo la suerte de beneficiarse de la enorme fortuna familiar, lo que le permitió vivir como una anarquista millonaria cuyas impertinencias se soportaban con paciencia.

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