El no ser perfecta, me hiere


El no ser perfecta, me hiere, escribía Sylvia Plath en su Diario en 1957. Sylvia y su enfermiza obsesión por ser perfecta, por ser la mejor en la vida y en la poesía. Lástima que su condición humana le impidiera lograr tan magno objetivo, una meta que se volvió contra ella y la destruyó.

Corta fue su estancia en este mundo, Sylvia nació en Boston en 1932 y se suicidó en Londres en noviembre de 1963. A los ocho años ya publicó su primer poema en un diario de Boston. Ella, estudiante distinguida, trabajó sin descanso hasta encontrar su estilo.

El fracaso de su relación con el poeta inglés Ted Hughes le provoca un estado de crítica alienación. El matrimonio detonó el material explosivo de su mente, un desengaño que intentó compensar con una furiosa búsqueda de la perfección artística. Su personalidad se desintegraba afectando a sus escritos. No puede tener hijos, otro fallo. Demasiadas taras para ser perfecta. Quizás solo le quedase el triunfo final del suicidio.

Toda la obra de Sylvia Plath está elaborada con palabras han sido escogidas, desechadas y confrontadas por el corazón. Este proceso es lo que hace de ella una gran poeta.

 

Damas y caballeros.

Estas son mis manos
Mis rodillas.
Soy tal vez huesos y pellejo.

Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.

La segunda vez pretendí
Superarme y no regresar jamás.
Oscilé callada.

Como una concha marina.
Tenían que llamar y llamar
Recoger mis gusanos como perlas pegajosas.

Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien.

*Fragmento de Lady Lazarus. De Ariel, Harper & Row. New York, 1965


Sylvia Plath con su Olivetti Lettera 22

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