Mi lectora

Era la mañana del domingo 5 de junio. Yo firmaba ejemplares de mi poemario Puta en una caseta de la Feria del Libro de Zaragoza. La gente paseaba deteniéndose a mirar los libros expuestos. Algunas personas compraban, otras seguían su camino. A mediodía se acercó una joven vestida de negro. Estuvo mirando el poemario y comentó que ya volvería. En muchos casos es la excusa más socorrida, pero ella regresó para comprar el libro. Media hora más tarde estaba de vuelta en la caseta, con los ojos húmedos y la voz temblorosa. Me dijo que ya había acabado la lectura y que estaba conmovida por mis versos, que la conmoción le duraría todo el día. Me afectó su emoción. Me sentía tan agradecida. Mis palabras habían trascendido más allá del papel, habían contagiado pasión. Esa es mi ambición cuando escribo: emocionar al lector. Aunque solo sea a una.

Unos días después, Sergio, editor que estuvo en una caseta cercana, y yo contactamos a través del correo electrónico para resolver unas cuestiones. En la posdata de uno de sus mensajes me comentaba que me haría llegar una fotografía que le hizo en un banco de la plaza Aragón, donde se ubicaba la Feria, a una lectora de mi poemario. Me mencionó que estaba volcada en la lectura y la interrumpió un instante para pedirle permiso y fotografiarla mientras leía.

Le conté a Sergio la anécdota anterior. Era probable que fuera ella, mi lectora emocionada. Recibí su correo y descargué nerviosa las fotos. Sí. Allí estaba la chica de negro, con mi libro entre las manos. Me hace mucha ilusión tener este recuerdo de ella.

No sé quién es. Tampoco recuerdo su nombre. Firmé unos cuantos libros ese día. Puede que sea Cristina. Si por esas carambolas de la vida doy con ella, me gustaría explicarle esta historia y entregarle las fotos junto con mi agradecimiento.


P.D.: Si te reconoces en la foto, lectora. Por favor, ponte en contacto conmigo. Cerraríamos este precioso círculo que tú abriste.

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