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Mostrando entradas de septiembre, 2016

La ciudad de las damas

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Cristina de Pizán es la primera mujer a la que cabe considerar escritora profesional. Viuda a los veinticinco años y con tres hijos pequeños a su cargo, sacó adelante a su familia gracias al pago que recibió por sus escritos. Su educación en la corte de Carlos V de Valois, rey de Francia, su talento, su erudición y su capacidad de trabajo le permitieron alumbrar una extensa obra, que la hizo ser famosa y apreciada en toda Europa.
De las treinta y siete obras que se conservan de Cristina de Pizán, La Ciudad de las damas (1405) es el título del libro por el que más se conoce a la autora. En este trabajo, Cristina de Pizán rebate la extendida creencia en la época de que la mujer carece de una naturaleza moral y es intrínsecamente perversa.
Al comienzo de su libro, Cristina de Pizán lamenta que no hay texto que esté exento de misoginia y admite haberse fiado más del juicio ajeno que de lo que sabía y sentía en mi ser de mujer. Sumida en estas reflexiones se encuentra cuando recibe la visita…

Mocha Dick

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Herman Melville se embarcó desde muy joven en travesías por el mundo y pasó meses navegando en barcos balleneros o sobreviviendo en una pequeña isla del Pacífico, entre salvajes. Estas experiencias le permitieron ser un fecundo escritor. Entre los años 1846 y 1849 escribió: Typeeun edén caníbal; OmooMardi y Redburn. Algunas de estas obras obtuvieron mayor reconocimiento que la más famosa de sus novelas, publicada en 1851.
Cuentan las crónicas que hacia 1810 se avistó un enorme cachalote gris que pasó a formar parte de la tradición ballenera con el nombre de Mocha Dick. Durante medio siglo circularon relatos que narraban los intentos fallidos que se habían hecho para capturarlo. Eran los años de apogeo de los puertos balleneros, antes de que la fiebre del oro de California y la Guerra Civil norteamericana pusieran fin a un negocio que mantenía a cerca de 70.000 personas en puertos como Nantucket y New Bedford.
La dificultad extrema que entrañaba la pesca de la ballena, realizada un …

El niño del asteroide B-56

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“Escribidme enseguida, decidme que el principito ha vuelto”, pide Antoine de Saint Exupéry en la última página de El Principito. Por eso le escribo, para decirle que el niño del asteroide B-56 ha regresado a la Tierra.
Este niño-príncipe lleva conquistando corazones desde 1943, su fascinante universo conmueve y seduce. Hubiera deseado comenzar esta historia a la manera de los cuentos de hadas. Hubiera deseado decir: “Había una vez un principito que habitaba un planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo, diría Saint Exupéry. Pero El Principito es mucho más que un cuento infantil, recrea experiencias del autor.
El zorro está inspirado en el feneco que Saint Exupéry domesticó cuando estaba destinado en Cabo Juby. La boa su estancia en Argentina. El baobab es un recuerdo africano de sus escalas en Senegal, Casablanca y Dakar. El farolero evoca unas vacaciones en Saint-Maurice-de-Rémens. Incluso el príncipe, según la biógrafa del autor Nelly de Vogüé, podría inspirars…

Será colosal

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Calaportu, año 1936, la República, el Frente Popular, la guerra, un niño vasco, un testigo de los acontecimientos que contempla sin entender la situación anómala que vive.
Joseba Sarrionandia ha escrito una historia impactante, ágil y cruda. La guerra civil española vista con los ojos de un chaval que intenta atar cabos cuando presencia las disputas de sus padres, partidarios de bandos opuestos, cuando gente del pueblo desaparece de repente o cuando unos maldicen a la república mientras otros la aplauden. La toma del cuartel de la guardia civil por personas afines a UHP, una calma tensa, los primeros fusilados, los carlistas y derechistas prisioneros en la escuela. Al principio la guerra como juego, con una pistola falsa, tiragomas y coraje infantil para abatir enemigos. La muerte breve tras unos segundos en tierra para volver a levantarse y volver a morir en un macabro entretenimiento de los días. Pensar en comer galletas mientras los gudaris avanzan en una dirección y en otra y se co…

Alcohol y tinta

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Según Bukowski, la cosa más sensata que una persona puede hacer es estar sentada con una copa en la mano. Estar sentado escribiendo un libro tampoco es una mala opción, y hay escritores que han pasado a la historia por combinar ambas aficiones: libros y copas.
Vargas Llosa El chilcano: pisco, limón y soda moja las letras de Conversación en La Catedral desde el comienzo. La tercera novela de Vargas Llosa transcurre en el bar La Catedral. Un bar de pobres donde, entre chilcanos y cervezas, los personajes desgranan la vida en el Perú del dictador Manuel Arturo Odría, mientras Santiago Zavala no halla respuesta a su pregunta: ¿En qué momento se había jodido el Perú?
Scott Fitzgerald  Primero tomas un trago, luego el trago toma otro trago, luego el trago te toma a ti. Francis Scott Fitzgerald se bebía cualquier cosa que tuviera alcohol. La vida le ofreció todo lo que puede regalarle a un hombre: talento y éxito, pero todo se disolvió en alcohol. El gran Gastby se gestó así, a golpe de gintóni…