En la piel del escarabajo

Franz Kafka se despertaba en el pellejo de Gregorio Samsa, con la sensación de haberse convertido en un gigantesco escarabajo debido a la monumental presión de poderes omnipotentes y negativos sobre su endeble sensibilidad. En realidad, el complejo de inferioridad tenía su origen en el autoritarismo de un padre severo e injusto. Todo ello le provoca una incontenible búsqueda de afecto y a la vez una sensación de temor a no poder corresponder plenamente al ser amado. A todo esto cabe sumar su complejo por ser judío en un ambiente de creciente antisemitismo en Europa y una permanente incertidumbre acerca de las virtudes de su arte literario. De ahí que no pasara de ser un empleado oscuro y subalterno, con una sensación perpetua de que no merecía el afecto ni la compasión de sus semejantes, se sentía un miserable escarabajo. Por eso, al final de sus días le pidió a su amigo Max Brod que quemara todos sus manuscritos.

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