El tango de Doroteo

Abres el bandoneón y se despliega la magia. Conocemos a Doroteo, un joven que vive entre montañas nevadas y caballos, en plena naturaleza. No se le dan bien los libros, por eso decide ser campesino y ganadero. Un día se le rompe el arado, y esa ruptura supondrá un cambio importante en su vida. Recoge sus pertenencias y se va a correr mundo. Lo que más le duele es dejar a su amor, a Rosita, a esa muchacha que tiene una preciosa voz y que cuando silba, convoca a los pájaros.

Doroteo se embarca en el puerto de Barcelona rumbo al Nuevo Mundo, con destino a un futuro nuevo, que puede aguardarle en Buenos Aires. Durante la travesía se queda prendado de las melodías que interpreta un grupo de músicos: habaneras, tangos, boleros, pasodobles… animan las largas horas en el mar. El director del grupo advierte su entusiasmo por la música y se ofrece para enseñarle a tocar el bandoneón. Días de ensayo consiguen que el bandoneón de Doroteo empiece a sonar bien e incluso acompaña a los músicos. Antes de un año es un virtuoso de este instrumento y también de la guitarra.

Doroteo Melero recorre Argentina con sus conciertos, graba discos, triunfa y gana dinero, tanto que decide volver. Volver. Volver es su tango favorito. Y con esa nostalgia de la tierra y del pasado regresa a su pueblo en la montaña, con la esperanza de reencontrarse con Rosita y susurrarle al oído: Me hacés una falta sin fondo. Pero el destino ha dispuesto otros planes para él.

El texto de Antón Castro narra circunstancias familiares reales en la vida de Javi Hernández que, como siempre, ilustra un libro delicioso, una original propuesta con forma de bandoneón, que despliega su fuelle y nos muestra un camino de ida y vuelta.

Los dibujos seducen y nos guían por un periplo vital en el que la ilusión y la música están presentes. Se intuyen la melancolía y la añoranza que viajan siempre en la maleta de todo emigrante, sin embargo, destaca el entusiasmo, la pasión por esas notas armoniosas que impregnan el aire y contagian emociones.

Tener en las manos El tango de Doroteo es disfrutar con todos los sentidos porque huele a salitre, tiene un roce suave, sabe a ternura, suena a tango y atrapa la mirada.

Autor: Antón Castro
Ilustraciones: Javi Hernández


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