Josefa Amar y Borbón y sus discursos en favor de las mujeres


El talento de las mujeres estaba en entredicho desde muchos siglos antes, pero el debate sobre esta cuestión resurgió en el siglo XVIII con la controvertida obra de Feijoo «Defensa de las mujeres», en la que el fraile intenta combatir, sin conseguirlo, la misoginia de épocas anteriores.

Josefa Amar y Borbón (1749-1833), pseudónimo de Josefa Ignacia Águeda Benita Amar y Borbón, fue una prestigiosa escritora y traductora zaragozana de la Ilustración. Miembro de mérito de la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, miembro de la Junta de Damas de la Sociedad Económica Matritense y Real Sociedad Médica de Barcelona. También destacó como prologuista, pedagoga y espía. Es la primera mujer en entrar en una Sociedad Económica; es la autora del Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno, y otros cargos en que se emplean los hombres y es la espía de la resistencia durante los Sitios de Zaragoza, a la que apoyó económicamente.

No se dispone de su biografía completa, aunque se sabe que la familia de Josefa Amar pertenecía a la baja nobleza y gozaba de una excelente consideración social. Una mujer de su posición solo hubiera podido estudiar doctrina, música, historia, labores y unos rudimentos de aritmética, pero el padre de Josefa quiso proporcionar a sus hijos la mejor instrucción y buscó para ellos profesores particulares. A las clases en casa pudo asistir Josefa Amar, que tuvo una educación impresionante. Estudió nueve idiomas: francés, italiano, inglés, castellano, latín, griego, portugués, catalán y algo de alemán; humanidades, pedagogía, aritmética superior, Medicina, y siendo muy joven, ya tradujo a Ovidio y Cicerón.

Josefa Amar nació y vivió en Zaragoza, aunque una etapa de su vida transcurre en Madrid, pues su padre era médico real. A los 23 años se casó en un matrimonio de conveniencia con Joaquín Fuentes Piquer, un hombre que le doblaba la edad, muy culto y de excelente posición, con el que se instaló en Zaragoza. Su primer trabajo literario fue la traducción de Ensayo histórico apologético de la literatura española contra las opiniones preocupadas de algunos escritores modernos, obra de Francisco Javier Lampillas. En 1780, participó junto a su marido en la creación de la Junta de Caridad, con el propósito de trazar un plan educativo infantil.

La gran aportación de Josefa Amar y Borbón en favor de las mujeres es su ingreso en la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. Dejaba así patente que una mujer estaba capacitada para formar parte de una Sociedad y, de paso, hizo reflexionar sobre la situación de las mujeres. Otras valiosas aportaciones son sus escritos: Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres y Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno, y otros cargos en que se emplean los hombres.

En Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres explica cómo debe educarse una mujer en su juventud y después en su madurez. La educación física corresponde a la primera parte de la obra y está relacionada con cuestiones médicas y de higiene. La segunda parte está dedicada a la educación moral, las labores domésticas y, con mayor énfasis, a la formación intelectual. Propone el aprendizaje de los fundamentos en gramática, geografía, historia y aritmética, latín, griego y lenguas modernas. Añade también dibujo, música y baile. Recomienda leer a los autores clásicos y rechaza la afición de leer romances, novelas y comedias. Pretende una educación física y moral de las mujeres que las haga más útiles y eficientes como esposas, madres y amas de casa. Y afirma que, con independencia del sexo, el talento, la capacidad de expresión y de razonamiento se desarrollan gracias a la educación, por eso es fundamental. Sus propuestas son novedosas, sin embargo, no implican cambios radicales en la sociedad, sino parciales y muy cautelosos.

Amar refleja el pensamiento pedagógico imperante en la época, que se caracteriza por una preferencia a la educación dentro del ámbito del hogar, como ocurrió en su caso. Según su criterio, los colegios y los conventos no ofrecían una atención individualizada que estimulase a las alumnas.

El Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno y otros cargos en que se emplean los hombres es una obra en la que manifiesta su total confianza en el talento y la capacidad intelectual de las mujeres. Se  divide en 34 apartados y en ellos se argumentan las razones por las que se debe admitir la igualdad de ambos sexos en este tema. Josefa Amar reconoce la educación como un derecho para las mujeres y denuncia, igual que hacen otros ilustrados, que la mala educación es «la razón principal de la ignorancia, inferioridad y pedantería femeninas». Ella es un claro ejemplo de su tesis: una mujer muy culta, capaz y erudita.

En el punto 4 del Discurso, la autora pide el reconocimiento y el espacio que las mujeres necesitan, señalando al egoísmo de los hombres y de la sociedad «hipócrita y contradictoria» como responsables de la ignorancia femenina. Defiende que las mujeres están capacitadas intelectualmente para llevar a cabo cualquier actividad y cree injusto que la educación sea un privilegio solo masculino.

La obra denuncia una de las principales trabas para la educación femenina: la falta de motivación. «Las mujeres saben que no pueden aspirar a ningún empleo ni recompensa pública, que sus ideas no tienen más extensión que las paredes de una casa o de un convento».

Tras la muerte de su marido, siguió viviendo en Zaragoza y a partir de 1808, con la ciudad asediada por las tropas napoleónicas, se convierte en una espía política que frecuenta tertulias y reuniones, prestando un servicio patriótico. Fue defensora de la ciudad contra los franceses y a su vez defensora de la Ilustración.

Josefa Amar y Borbón era una mujer conservadora, con las contradicciones propias de un tiempo en el que convivían las ideas del Antiguo Régimen con otras más progresistas. Así que no cabe considerarla adelantada a su época, es una ilustrada en plena Ilustración. Su lucidez le permitió ver la fuerza transformadora del talento y supo aprovechar las oportunidades. Sus méritos son innegables. El derecho a la educación era indiscutible y luchó por él.

De no haber sido favorable a la división conservadora de roles y funciones, aún habría sido mayor la contribución de Josefa Amar a la causa de las mujeres y en favor de su educación. Aun así, sus aportaciones son un paso más hacia la igualdad entre sexos.


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