La escritura


Desde que mi madre puso un lápiz entre mis dedos, la escritura me fascina. El acto físico de escribir, dibujar signos que los demás entienden y que traducen mi pensamiento al lenguaje humano, me ha parecido siempre algo mágico. Quizás por eso me fascinan los documentos manuscritos. No solo aspiro a leerlos, disfruto contemplando la forma de las letras, veo arte en la caligrafía. Si el texto es un documento antiguo, escrito por algún autor al que admiro, el placer es enorme. Baudelaire, Dostoievski, Wilde, Bukowski, Bécquer, Van Gogh… Miro y me recreo en los trazos, en las tachaduras, en el equilibrio entre las líneas… Todo me parece sugestivo. Todo me habla del autor.

A veces la escritura es anónima y extremadamente bella. Bella por la armonía y fluidez del dibujo, por la distribución del texto sobre el papel, por el tipo de letra empleado. Puede ser un documento medieval escrito en letra gótica o uno actual realizado por un calígrafo. La belleza está ahí, atrapando la mirada.

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