Non finito


Un texto, un poema, cualquier escrito tiene infinidad de versiones: apuntes apresurados, ideas cazadas al vuelo, desvaríos a vuelapluma, palabras excluidas, versiones, tachaduras, correcciones, símbolos que solo uno entiende…  

Con esto intento ser honesta y sincera, no caer en el error de que el poema o el texto son mundos acabados, cerrados definitivamente.  En cada obra hay un trabajo oculto de reescritura, materializado en borrado­res en una libreta y revisiones y mejoras que hablan de su proceso de creación.

Non finito. Lo escrito es la versión de algo sabido, pero no comprendido totalmente. Lectura tras lectura, se producen nuevos borradores, distintos originales. A veces se cosen unos con otros, se conectan los fragmentos, quedando fuera lo dicho desechado.

Construir para luego destruir, pues nada es una verdad incuestionable ni algo definitivo. Por eso conviven textos posibles, irreales, fracasados, ocultos.

Un texto, un poema, es una posibilidad entre otras muchas que podrían ser. Todas son opciones, loterías en las que siempre se gana: experiencia, seguridad, creatividad, decisión… También son una traducción, un discurso roto en busca de unidad. Por eso se requiere un lector cómplice, unos ojos que investiguen, una imaginación que recree, alguien que se integre en la obra y la haga suya.

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