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Los senderos secretos de Venus

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Amelia tiene un objetivo en la vida: casarse con un buen partido, ser esposa y madre. Busca al hombre adecuado con quien cumplir sus sueños y lo encuentra en Carlos. Son los años 60 de una España franquista, y como corresponde a la época, Amelia no ha recibido información sexual. Todo lo que conoce sobre el sexo son comentarios sesgados y de dudosa veracidad, que le llegan primero a través de compañeras de colegio y de amigas que se han casado, después. Amelia ha encontrado a su príncipe azul, un hombre encantador y de éxito, que trabaja para una empresa internacional y le ofrece una situación económica desahogada, tiene una bonita casa y una vida fácil.
Todo va bien hasta que toca pagar por tanta felicidad con el débito conyugal y Amelia se sacrifica. Cada noche accede a los deseos sexuales de su marido, pero no consigue disfrutar de esta intimidad, que poco a poco se convierte en un auténtico suplicio.
Ana Martos aborda en esta novela un caso de anorgasmia, una disfunción sexual que p…

Librería Zhongshuge

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Librería de la cadena china Zhongshuge. Todas las tiendas de la firma tienen espacios con diseños únicos.  En la sucursal de Chongqing, las escaleras entrecruzadas y el techo con espejos duplican la habitación y logran un efecto que parece sacado de un grabado en madera de MC Escher.

Violencia psicológica. Las heridas del alma

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No dormir bien, sentir una sensación de angustia constante que te impide ser espontánea y tomar decisiones con facilidad, perder la capacidad de concentración en el trabajo y sufrir lagunas o pérdidas de memoria preocupantes, experimentar falta de ilusión y motivación, tener pensamientos negativos,  dudar de ti misma, sentir culpabilidad, miedo, que ya no eres atractiva, en resumen, tener la autoestima por el suelo, pueden ser síntomas del maltrato psicológico.
Si has interiorizado esa voz que te impide pensar, decidir y actuar libremente porque dudas sobre «qué pensará él o cómo va a reaccionar». Si cuando algo no va bien, eres tú la única responsable. Si has cedido el control total sobre tu vida y es él quien marca tus horarios, elige tus amistades y tu ropa, revisa tu móvil, te da el dinero que puedes gastar… Esta voz te avisa de que otra persona domina tu voluntad y te ha sometido.
Todos estos indicios deberían ser suficientes para marcharse, para liberarse de esa relación opresiva,…

Mi cuarto propio

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He vivido en bastantes lugares y en numerosas casas, en todas he tenido un cuarto propio, un territorio privado, un lugar para mí. Siendo hija única, no tuve que compartir habitación de niña. Recuerdo aquel primer cuarto pintado de azul pálido, aquel armario en el que me metía a leer con una linterna. Sí, no me pregunten por qué, pero me gustaba aquella sensación de intimidad, de aislamiento… Apretaba la ropa que colgaba de la barra y con mi libro y mi linterna pasaba horas y horas leyendo. Aquel cuarto no tenía escritorio, entonces escribía en la mesa de la cocina.
Los sucesivos cuartos siempre tuvieron mesa: mesa con flexo y cuadernos; mesa con máquina de escribir y típex; mesa con PC, mesa con portátil y rotuladores, y libros, y hojas de notas, y gafas, y cables. En aquellos, y en este reducto desde el que escribo, siempre he sentido una sensación de independencia y de intimidad, de estar en mi sanctasanctórum.
Mi último cuarto, por ahora, tiene un balcón donde habitan unas violeta…

Manuscrito de The Great Gatsby

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El manuscrito  de F. Scott Fitzgerald de The Great Gatsby

El país de las mujeres

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Vagueábamos y especulábamos, en la travesía oceánica y también en la fluvial. —Admitiendo la improbabilidad —comenzábamos solemnemente, y entonces nos lanzábamos de nuevo. —Lucharían entre ellas —insistía Terry—. Las mujeres siempre lo hacen. No debemos esperar encontrar ningún tipo de orden y organización. —Estás muy equivocado —le decía Jeff—. Será como un convento bajo la autoridad de una abadesa: una hermandad pacífica, armoniosa. Yo bufaba de mofa ante tal idea. —¡Monjas, claro! Tus hermandades pacíficas son todas célibes, Jeff, y bajo votos de obediencia. Estas son solo mujeres, y madres, y donde hay maternidad no encuentras hermandad. No mucha. —No señor, reñirán —convino Terry—. Tampoco debemos esperar invenciones y progreso; será terriblemente primitivo.
Terry O. Nicholson, un rico explorador; Jeff Margrave, médico, y Vandyck Jennings, sociólogo, se unen en una expedición científica que tiene como objetivo conocer una tierra extraña donde no vivía hombre alguno, solo mujeres y…

Alumbres

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Alumbres, el poemario de Ángel Gracia, ha sido distinguido con el XXVIII Premio de Poesía Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal. Consta de tres partes: Luminancia, Heridas de rayo y Tea humeante.
Elementos como la luz, el agua, el viento, el rayo, la palabra, la vida y la muerte sirven para ilustrar hondas reflexiones sobre lo que somos, o quizás sería más preciso decir, lo que no somos. Porque las cenizas de nuestras palabras, de lo que fuimos, desaparecerán aventadas por el viento hasta convertirnos en silencio.
Luz. Agua que borra, que permite naufragar en uno mismo y renacer. Aire que se convierte en viento, en cierzo fugitivo.
El rayo cae para iluminar y nos ciega con su fugaz resplandor.
Todo lo que existe te convierte en lo que eres, hasta que no huyes, te unes a la huida, solo, solo tú.
La vida dicta y nos reescribe incesante, nos borra, nos crea, nos arrastra con su río de lágrimas.
Escribir es extinguirse, vaciarse. Las palabras dicen mudas, solitarias, rezan en la tumba murm…