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Mostrando entradas de diciembre, 2017

Fugarse leyendo

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Las bombas han abierto el cofre del tesoro. Los libros han quedado heridos, dispersos… Algún ejemplar ha salido mejor parado y aún puede leerse. ¿Qué hacer en medio de la guerra? Fugarse a otro mundo menos hostil. Vivir otras vidas. Disfrutar con un libro en las manos mientras el horror avanza.

*En la foto, un joven británico lee junto a las ruinas de una librería bombardeada por la Luftwaffe durante el Blitz. Londres, 8 de octubre de 1940.

La caja de música de Ramón Acín

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De la admiración por Ramón Acín surgió una idea: crear un recuerdo con la música que sonaba en su casa. Una caja de música con la melodía La última rosa del verano, ala que se sumaron dos emblemáticas pajaritas, es el emocionado homenaje de unos soñadores. Aquí la historia de la Caja de Música.

Volar

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Era lo más parecido a volar. Había que esperar. A veces la fila era infinita. Demasiada chiquillería para cuatro columpios. Pero tras la impaciente espera, llegaba el desquite. Tomar impulso y despegar hasta las nubes. Ir y venir sintiendo el viento en la cara y la alegría desbocada en el corazón. Aterrizabas, las manos olían a hierro y la vida a felicidad.

Las cartas de Navidad de Salvator Cillis

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El soldado Salvator Cillis pasó el final de 1917 en la nieve, en el Campamento Upton de Long Island. Se describe a sí mismo como «medio artista, tres cuartas partes de un pintor de signos». Ilustró unas cartas de Año Nuevo con imágenes en acuarela, en ella se retrata a sí mismo y a sus compañeros de armas mientras disfrutan de la nieve.
Cillis era un inmigrante italiano que llegó a los Estados Unidos en 1901 siendo un niño. Combatió en Francia y pudo regresar a su hogar en Nueva York en 1919. 
El resto de las cartas de Cillis:


Reencuentro

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Tenía tres años cuando me regalaron el cuento de Perrault «La ratita presumida», en la versión troquelada que ilustró Ferrándiz. Yo no me aburría de tanto escucharlo, pero mi madre se cansó de leerme la historia de esa ratita guapa que, barriendo, encontró una moneda de oro. Con ella se compró un lazo rojo y le salieron muchos pretendientes que querían casarse con ella, pero tuvo buen ojo y eligió al ratoncito: … por las noches ¿qué harás? ¿Yo? dormir y callar, contestó el ratón. ¿Sí?, volvió a decir la ratita. Pues contigo me he de casar. Se casaron y vivieron muy felices.
Este martes, por casualidad, encontré el cuento en el estante de un estudio de diseño. La propietaria lo adquirió como recuerdo de su infancia y yo, al abrir aquellas páginas archiconocidas, volví a tener tres años toda la tarde.

Matilda

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Matilda Wormwood es una niña especial, siente un enorme interés por todo y aprende a leer muy pronto, a los tres años ya es autodidacta. Con apenas cinco años se convierte en visitante asidua de la biblioteca. La bibliotecaria, la señora Phelps, le recomienda lecturas, y su dormitorio se convierte en una sala de lectura donde disfruta con las obras de grandes autores y pasa las tardes tranquila, adquiriendo conocimientos.
Sus padres no demuestran ningún afecto por ella, la obligan a ver la televisión, se niegan a comprarle libros y la dejan sola en casa todas las tardes. Pero Matilda ha encontrado una inmejorable compañía en los libros. Es muy inteligente y con sus razonamientos desconcierta a sus padres. También sufre el desapego emocional de sus progenitores y maquina pequeñas venganzas cada vez que la humillan.
Al comenzar su etapa escolar, Matilda ya supera a sus compañeros: sabe leer, deletrea palabras complicadas, realiza cálculos aritméticos y deja asombrada a su profesora, la se…